Entre la resistencia danesa, Ravensbrück y los primeros laboratorios de música electrónica, Else Marie Pade construyó una obra que Dinamarca tardaría décadas en recordar. Su música nació entre cintas magnéticas, ruidos cotidianos y una escucha transformada por la guerra. ¿Cómo pudo desaparecer una pionera de la memoria musical? ¿Qué revela su historia sobre quiénes quedan fuera de la historia del arte?
El CANDELABRO.ILUMINANDO MENTES

Imagen generada por Meta AI para El Candelabro © Derechos reservados.
El sonido como resistencia: Else Marie Pade y la invención de la música electrónica danesa (1924–2016)
Introducción: un silencio que duró medio siglo
En enero de 2016, en una residencia de ancianos en las afueras de Copenhague, moría una mujer de noventa y un años cuyo nombre prácticamente no figuraba en ninguna historia canónica de la música electrónica. No aparecía en las antologías junto a Karlheinz Stockhausen, Pierre Schaeffer, Pierre Henry o Luciano Berio, pese a haber sido contemporánea exacta de todos ellos y a haber emprendido, con medios aún más precarios que los suyos, la misma exploración radical del sonido. Se llamaba Else Marie Pade, había nacido en Aarhus en 1924, y durante las décadas de 1950 y 1960 compuso las primeras obras de música concreta y electrónica en Dinamarca. Sin embargo, entre mediados de los años sesenta y los primeros compases del siglo XXI, su nombre se desvaneció de la memoria institucional, de los programas de concierto, de los catálogos discográficos y de los manuales de historia musical.
La pregunta que vertebra este ensayo no es únicamente quién fue Else Marie Pade ni qué compuso, sino por qué una pionera absoluta —la primera compositora danesa de música concreta, la primera en trabajar con cinta magnetofónica en la radio pública de su país, la primera en representar a Dinamarca en una Exposición Universal con una obra puramente electrónica— pudo ser olvidada de manera tan completa y durante tanto tiempo. La respuesta, como se verá, no es sencilla: entrelaza la precariedad institucional de la música experimental en un país periférico respecto a los centros de París y Colonia, las dinámicas de género del mundo musical de posguerra, la fragilidad de los soportes tecnológicos y una serie de circunstancias personales que la empujaron progresivamente hacia el silencio. Pero antes de todo eso hubo una joven que, con diecinueve años, se enfrentó a la maquinaria nazi con una pistola en el bolsillo y terminó en el campo de concentración de Ravensbrück. Esa experiencia fundacional —el encuentro con el límite extremo de la existencia humana— no puede separarse de su búsqueda posterior del sonido puro, del ruido liberado de significado, de la materia sonora despojada de convención.
Dinamarca bajo la bota: el contexto de la ocupación
Para comprender la juventud de Else Marie Pade es imprescindible situarse en la Dinamarca de la ocupación alemana, un episodio que marcó a toda una generación y que difiere significativamente de las experiencias de otros países europeos. El 9 de abril de 1940, la Wehrmacht invadió Dinamarca en una operación relámpago que duró apenas seis horas. El gobierno danés, ante la imposibilidad de resistencia militar efectiva, optó por una política de cooperación (samarbejdspolitik) con las autoridades ocupantes que se mantuvo, con tensiones crecientes, hasta agosto de 1943. Durante esos tres primeros años, Dinamarca conservó formalmente su parlamento, su monarquía y una apariencia de normalidad institucional que la convertía, a ojos del Reich, en una «ocupación modelo».
Sin embargo, esa normalidad era una ficción cada vez más insostenible. A partir de 1942, los actos de sabotaje se multiplicaron, organizados por grupos clandestinos vinculados al Partido Comunista (ilegalizado desde 1941) y, progresivamente, por redes más amplias. El 29 de agosto de 1943, tras una oleada de huelgas y disturbios, los alemanes impusieron el estado de excepción, disolvieron el gobierno danés y asumieron el control directo. Desde ese momento, la resistencia se intensificó: sabotajes ferroviarios, eliminación de colaboradores, ocultamiento de perseguidos. En octubre de 1943, la célebre operación de rescate de los judíos daneses —transportados en pesqueros hacia Suecia— demostró la capacidad de movilización de una sociedad civil que, pese a la ocupación, no había sido completamente desarticulada.
Fue en este contexto de radicalización donde una joven estudiante de música de Aarhus, Else Marie Pade, se incorporó a las filas de la resistencia. Aarhus, segunda ciudad del país y puerto del Jutlandia oriental, albergaba una importante presencia militar alemana y era un nudo logístico estratégico. Los grupos de resistencia locales operaban en condiciones de extrema precariedad: células pequeñas, comunicaciones rudimentarias, armamento escaso. La Gestapo mantenía una vigilancia constante y las detenciones se sucedían con regularidad creciente a partir de 1943.
Orígenes y formación temprana
Else Marie Pade nació el 2 de diciembre de 1924 en Aarhus. Las fuentes disponibles sobre su infancia son escasas, y ella misma habló poco de sus primeros años en las entrevistas tardías que concedió durante su redescubrimiento en el siglo XXI. Se sabe que creció en un entorno de clase media y que mostró una inclinación temprana hacia la música, particularmente hacia el piano. Recibió formación musical en su ciudad natal antes de la guerra, una educación que, en el contexto danés de la época, seguía los patrones conservadores de la tradición centroeuropea: técnica pianística, armonía, historia de la música.
No hay indicios de que su familia perteneciera a círculos intelectuales o artísticos de especial relieve. Su vocación musical parece haber surgido de manera más bien individual, y la guerra interrumpió bruscamente una formación que aún estaba en sus fases iniciales. Este dato no es menor: a diferencia de compositores como Stockhausen o Boulez, que pudieron completar estudios académicos extensos antes de lanzarse a la experimentación, Pade llegó a la composición electrónica con una formación musical truncada por la historia y completada de manera irregular en la posguerra. Esa irregularidad, que en principio podría parecer una desventaja, contribuyó paradójicamente a su libertad compositiva: al no estar completamente asimilada por la tradición académica, pudo acercarse al sonido con una disponibilidad menos condicionada.
La resistencia, la detención y Ravensbrück
En 1943 y 1944, Else Marie Pade se integró en un grupo de resistencia activo en la región de Aarhus. Las fuentes sobre la naturaleza exacta de sus actividades varían: se menciona su participación en tareas de inteligencia, en la distribución de prensa clandestina y en acciones de sabotaje. Lo que sí está documentado es que portaba armas y que formaba parte de una célula operativa, no meramente de una red de apoyo logístico.
En septiembre de 1944, fue detenida por la Gestapo. Tenía diecinueve años. Las circunstancias precisas de su arresto —si fue delatada, si cayó en una redada, si fue sorprendida en una operación concreta— no han sido establecidas con total claridad en la literatura disponible. Tras su detención, fue interrogada y posteriormente trasladada al campo de Frøslev, situado en el sur de Jutlandia, cerca de la frontera alemana. Frøslev había sido establecido en 1944 como campo de internamiento para prisioneros daneses, con el objetivo teórico de evitar su deportación a campos del Reich, aunque las condiciones eran duras y la amenaza de traslado, constante.
Pade fue finalmente deportada al campo de concentración de Ravensbrück, en el norte de Alemania, el principal campo nazi destinado exclusivamente a mujeres. Llegó allí en los últimos meses de la guerra, cuando el sistema concentracionario se encontraba en un estado de colapso y saturación: hacinamiento extremo, epidemias, marchas de la muerte, ejecuciones sumarias. Ravensbrück albergó a unas 130.000 mujeres de más de veinte nacionalidades entre 1939 y 1945. Las prisioneras danesas constituían un grupo minoritario pero significativo.
Pade sobrevivió. Fue liberada en la primavera de 1945, probablemente en el marco de la operación de los «autobuses blancos» (De hvide busser) organizada por la Cruz Roja sueca bajo la dirección del conde Folke Bernadotte, que entre marzo y mayo de 1945 evacuó a miles de prisioneros escandinavos de los campos alemanes. Las fuentes no permiten establecer con certeza absoluta si Pade fue liberada por esta vía o si lo fue por el avance de las tropas soviéticas, aunque la primera opción parece más probable para una prisionera danesa en Ravensbrück.
La experiencia concentracionaria dejó una huella profunda en Pade, aunque ella misma fue extremadamente reservada al respecto durante la mayor parte de su vida. En las pocas ocasiones en que aludió a Ravensbrück en entrevistas tardías, lo hizo con una sobriedad casi ascética, sin dramatización, como si el horror fuera demasiado vasto para ser articulado. Sin embargo, quienes la conocieron en la posguerra señalaron que la experiencia marcó su relación con el silencio, con la escucha, con la percepción del sonido en condiciones extremas. Esta dimensión —el sonido como experiencia límite, como materia de supervivencia— no es una especulación retrospectiva: Pade misma sugirió, en una entrevista concedida ya anciana, que en el campo había aprendido a escuchar de otro modo, a distinguir sonidos mínimos que significaban la diferencia entre la vida y la muerte. Esa educación involuntaria del oído, forzada por el terror, se convertiría en el fundamento de su estética posterior.
La posguerra y el Conservatorio Real Danés
Tras la liberación y el regreso a Dinamarca en 1945, Pade emprendió —o retomó— sus estudios musicales. Se matriculó en el Det Kongelige Danske Musikkonservatorium (Conservatorio Real Danés) de Copenhague, la principal institución de formación musical del país. Allí estudió piano y composición. Entre sus profesores se cuenta Vagn Holmboe (1909–1996), uno de los compositores daneses más importantes del siglo XX, cuya obra sinfónica y camerística ocupó un lugar central en la vida musical escandinava de posguerra. Holmboe, de estética neoclásica con inflexiones modales, no era precisamente un vanguardista, pero su rigor formal y su atención a la estructura proporcionaron a Pade una base técnica sólida.
Los años de formación en el Conservatorio se desarrollaron en una Dinamarca que intentaba reconstruir su vida cultural tras cinco años de ocupación. El mundo musical danés de la posguerra era conservador en sus gustos dominantes: Sibelius, Nielsen, la tradición romántica tardía y un neoclasicismo moderado constituían el horizonte de referencia. La vanguardia serial, que ya se estaba gestando en Darmstadt, París y Colonia, apenas tenía eco en Copenhague. La música electrónica, que Schaeffer comenzaba a desarrollar en la radio francesa desde 1948, era completamente desconocida en Dinamarca.
Pade completó sus estudios de piano y obtuvo su titulación a principios de la década de 1950. Sin embargo, su inquietud iba más allá del repertorio pianístico tradicional. Las fuentes sugieren que durante estos años desarrolló un interés creciente por las posibilidades del sonido más allá de la notación convencional, un interés que aún no tenía cauce institucional en Dinamarca y que la empujaría hacia París.
París, 1952–1953: el encuentro con Pierre Schaeffer
El viaje de Else Marie Pade a París a comienzos de la década de 1950 constituye el momento decisivo de su trayectoria. Las fuentes difieren ligeramente sobre la fecha exacta: algunas sitúan su estancia en 1952, otras en 1953, y es posible que realizara más de un viaje. Lo esencial es que en París entró en contacto con el Groupe de Recherche de Musique Concrète (GRMC), fundado por Pierre Schaeffer en el seno de la Radiodiffusion-Télévision Française (RTF).
Pierre Schaeffer (1910–1995) había iniciado sus experimentos con sonidos grabados en 1948, utilizando discos de surco y, posteriormente, cinta magnetofónica. Su concepto de musique concrète —música construida a partir de sonidos reales grabados, manipulados y montados, en oposición a la música «abstracta» de la tradición instrumental— representaba una ruptura epistemológica con siglos de práctica compositiva. El GRMC, que en 1951 se reorganizaría parcialmente como Groupe de Recherche de Musique Concrète y más tarde (1958) como Groupe de Recherches Musicales (GRM), era un laboratorio donde se investigaban las propiedades del sonido grabado: velocidad, inversión, bucle, filtrado, montaje.
Pade asistió a sesiones de trabajo y cursos en el estudio de la RTF. Tuvo acceso a los magnetófonos, a las mesas de mezcla, a los fonógenos y a las técnicas de corte y empalme de cinta que constituían el arsenal técnico de la música concreta en su fase heroica. Conoció, según las fuentes disponibles, al propio Schaeffer y posiblemente a Pierre Henry, colaborador fundamental de este. El impacto fue inmediato y profundo: Pade comprendió que existía un modo de componer que no requería orquesta, ni instrumento, ni siquiera partitura en el sentido tradicional; que el material podía ser el ruido del mundo, el sonido bruto, la materia acústica en su estado previo a la codificación musical.
Este encuentro parisino debe entenderse en su dimensión histórica más amplia. En los años 1951-1954, la música concreta y la música electrónica (esta última desarrollada en el Studio für Elektronische Musik de la WDR en Colonia, bajo la dirección de Herbert Eimert y con la participación decisiva de Stockhausen) constituían las dos vertientes principales de la nueva música basada en el sonido electrónico. Mientras Colonia apostaba por sonidos sintetizados electrónicamente (osciladores, generadores de ruido) y por una organización serial del material, París privilegiaba el sonido concreto, la grabación del mundo real, la manipulación de objetos sonoros reconocibles. Pade se alineó desde el principio con la estética concreta, aunque con el tiempo incorporaría elementos de ambas tradiciones.
El regreso a Copenhague y el estudio de Danmarks Radio
A su regreso a Dinamarca, Pade se encontró con un panorama desolador desde el punto de vista de la música experimental: no existía ningún estudio de música electrónica, ningún magnetófono accesible para uso compositivo, ninguna institución que financiara la investigación sonora. La radio pública danesa, Danmarks Radio (DR), era la única entidad que disponía de equipos de grabación en cinta y de infraestructura técnica mínimamente comparable a la de la RTF francesa o la WDR alemana.
Pade logró acceder a los estudios de DR a mediados de la década de 1950. Las condiciones eran rudimentarias en comparación con París o Colonia: disponía de un magnetófono, de una mesa de mezcla básica y de la posibilidad de grabar sonidos en cinta, pero carecía del arsenal de aparatos especializados (fonógenos, filtros complejos, osciladores) que existían en los grandes estudios europeos. Trabajó, en buena medida, sola, sin un equipo de ingenieros a su disposición. Esta precariedad técnica, lejos de limitar su creatividad, la forzó a una economía de medios que se convirtió en rasgo estilístico: sus obras de los años cincuenta se caracterizan por una concentración extrema del material, por la exploración minuciosa de pocas fuentes sonoras.
En DR, Pade encontró un espacio institucional ambiguo: la radio la acogió no como compositora de vanguardia, sino como productora de piezas radiófónicas, sintonías, efectos sonoros y música funcional. Esta ambigüedad sería una constante en su carrera: su trabajo más experimental quedaba diluido en la producción rutinaria de la radio, y la institución no siempre distinguía entre una pieza de uso práctico y una obra de investigación sonora.
Las primeras obras: Etude I y A Day at Dyrehavsbakken
La primera obra reconocible de Pade como compositora de música concreta es Etude I, fechada en 1954. Se trata de una pieza breve, construida a partir de sonidos grabados y manipulados en cinta. Su título remite deliberadamente a la tradición del estudio pianístico (Chopin, Liszt, Debussy), pero trasladado al ámbito del sonido concreto: se trata de un ejercicio sobre el material sonoro mismo, sobre sus propiedades de duración, timbre, ataque y resonancia. La obra es modesta en duración y en medios, pero su significación histórica es considerable: constituye, hasta donde se sabe, la primera composición de música concreta realizada en Dinamarca.
En 1955, Pade creó A Day at Dyrehavsbakken (En dag på Dyrehavsbakken), una pieza radiófónica basada en grabaciones realizadas en el célebre parque de atracciones situado al norte de Copenhague. La obra capturaba los sonidos del lugar —voces, músicas de feria, ruidos mecánicos, el viento entre los árboles— y los organizaba en una secuencia que evocaba el transcurso de una jornada. Se trataba de una pieza de música concreta en sentido estricto: el material era exclusivamente sonoro-real, no sintetizado, y la composición consistía en la selección, el montaje y la transformación de esos sonidos. La obra fue emitida por DR y constituye uno de los primeros ejemplos de paisaje sonoro (soundscape) compuesto en Escandinavia, anticipando en más de una década las investigaciones de R. Murray Schafer en Canadá.
Estas primeras obras circularon en un ámbito extremadamente restringido: emisiones radiofónicas aisladas, audiciones privadas, alguna presentación en el marco de actividades culturales de DR. No hubo crítica musical que las comentara, no hubo programas de concierto que las incluyeran. La música concreta, en la Dinamarca de los años cincuenta, no tenía público, ni crítica, ni marco institucional. Pade componía, literalmente, para nadie.
Syv Cirkler y la Exposición Universal de Bruselas, 1958
La obra más ambiciosa y significativa de Else Marie Pade es Syv Cirkler (Siete Círculos), compuesta en 1958. La pieza fue creada por encargo para el pabellón danés de la Exposición Universal de Bruselas (Expo 58), un evento de enorme repercusión internacional que reunió las propuestas arquitectónicas, artísticas y tecnológicas de medio mundo. El célebre Atomium belga fue construido para esa misma exposición.
Syv Cirkler es una obra puramente electrónica y concreta, estructurada en siete secciones que corresponden a los siete «círculos» del título. La pieza combina sonidos concretos grabados —voces, ruidos industriales, sonidos naturales— con material generado electrónicamente, y los organiza en una arquitectura formal que busca trascender la mera yuxtaposición de efectos para construir un discurso sonoro coherente. Las fuentes que describen la obra señalan su carácter espacial: fue concebida para una instalación sonora en el pabellón, con altavoces distribuidos en el espacio, lo que la convierte también en una de las primeras obras danesas de música espacial.
La participación en la Expo 58 sitúa a Pade en un contexto internacional de primer orden. En esa misma exposición, el pabellón Philips albergó la célebre instalación Poème électronique de Edgard Varèse, con arquitectura de Le Corbusier y Iannis Xenakis, una obra que se considera un hito absoluto de la música electrónica y del arte multimedia. La presencia de Pade en Bruselas, aunque en un pabellón nacional de menor escala que el de Philips, la inserta en la misma constelación histórica. Sin embargo, mientras Poème électronique fue escuchada por millones de visitantes y se convirtió en un referente inmediato de la vanguardia, Syv Cirkler pasó prácticamente desapercibida fuera del contexto danés.
Tras la Exposición, Pade continuó trabajando en DR. Compuso Afsæt (1958), otra pieza electrónica, y diversas obras para radio, teatro y danza a lo largo de los años siguientes. Su producción de este período incluye piezas para obras teatrales, música incidental y experimentaciones con la voz y el cuerpo como fuentes sonoras.
El contexto internacional y las relaciones intelectuales
Para calibrar la posición de Pade en el panorama de la música electrónica de los años cincuenta y sesenta, es necesario situarla respecto a los centros principales de producción. En París, el GRM de Schaeffer contaba con un equipo de técnicos, compositores e investigadores y con un presupuesto institucional del que Pade carecía completamente. En Colonia, el Studio der WDR, fundado en 1951, disponía de un arsenal de osciladores, generadores de ruido, filtros y equipos de mezcla que permitían una síntesis sonora de precisión. En Milán, el Studio di Fonologia della RAI (fundado en 1955 por Berio y Maderna) ofrecía otro modelo de producción institucional. En Estocolmo, el EMS (Elektroakustisk Musik i Sverige) comenzaba a funcionar a finales de los cincuenta.
Frente a estos centros, Dinamarca no tenía un estudio de música electrónica propiamente dicho hasta la creación del estudio de DR en los años sesenta, y aun entonces con medios muy limitados. Pade trabajó en una situación de aislamiento relativo: conocía las obras de Schaeffer, de Stockhausen, de Varèse, pero no participaba de una comunidad de práctica, no tenía colegas con quienes discutir, no disponía de asistentes técnicos. Su trabajo era, en un sentido muy literal, artesanal: ella misma grababa, cortaba, empalmaba, montaba y mezclaba sus cintas.
Las influencias reconocibles en su obra proceden principalmente de la música concreta francesa: el interés por el objeto sonoro, por la transformación de lo real grabado, por el montaje como principio compositivo. Pero Pade no fue una imitadora de Schaeffer. Su aproximación al sonido concreto tiene una cualidad más intuitiva, menos teórica, menos sistematizada que la del maestro francés. Schaeffer construyó un aparato conceptual enorme (Traité des objets musicaux, 1966) para fundamentar su práctica; Pade no teorizó. Su conocimiento era práctico, corporal, ligado a la manipulación directa de la cinta y a la escucha atenta. Esta ausencia de teorización, que contribuyó a su invisibilidad en un mundo académico que valoraba el discurso tanto como la obra, es también lo que confiere a sus piezas una inmediatez particular.
Género, precariedad y marginalidad
No puede entenderse la trayectoria de Pade sin considerar la dimensión de género. El mundo de la música de vanguardia de los años cincuenta y sesenta era abrumadoramente masculino. En Darmstadt, en Donaueschingen, en los estudios de París y Colonia, las mujeres compositoras eran una excepción tan rara que su presencia misma resultaba anómala. Pade no fue la única mujer que trabajó con sonido electrónico en esos años —pueden citarse nombres como Delia Derbyshire en la BBC británica o Éliane Radigue en Francia—, pero la combinación de ser mujer, trabajar en un país periférico y hacerlo con medios precarios multiplicó las dificultades.
Las fuentes no documentan episodios explícitos de discriminación en la carrera de Pade, pero la estructura misma de su marginación —la ausencia de encargos, la falta de reconocimiento crítico, la reducción de su trabajo a la producción funcional de radio— es coherente con los patrones de exclusión que operaban en el campo musical de la época. Su trabajo en DR fue valorado como producción técnica, no como creación artística. Se le pedían sintonías, efectos, música de fondo; se le reconocía la competencia, pero no la autoría en el sentido pleno del término.
A esta marginalidad de género se sumaba una marginalidad geográfica y lingüística. Dinamarca no era un centro de la vanguardia musical europea. El danés no era una lengua de intercambio intelectual en el ámbito de la música experimental. Pade no publicó textos teóricos, no participó en los congresos de Darmstadt, no escribió manifiestos. Su obra circuló en un circuito local y radiofónico que no tenía proyección internacional.
Los años sesenta y setenta: continuidad y silencio
Durante los años sesenta, Pade continuó trabajando en DR, componiendo piezas para radio, teatro y danza. Su producción de este período es menos conocida que la de los años cincuenta, y las fuentes disponibles son más escasas. Se sabe que compuso música para producciones teatrales y que siguió experimentando con la cinta magnetofónica, pero las obras concretas de esta etapa no han sido catalogadas ni estudiadas con el mismo detalle que Syv Cirkler o A Day at Dyrehavsbakken.
A partir de finales de los sesenta, su actividad compositiva se fue reduciendo. Las razones son múltiples y no del todo claras. Por un lado, la tecnología musical estaba cambiando: los sintetizadores modulares, los primeros equipos de música electrónica en tiempo real y, posteriormente, los sistemas digitales comenzaban a desplazar las técnicas de corte y empalme de cinta que Pade dominaba. Por otro, el panorama musical danés de los setenta se orientó hacia otras direcciones: el minimalismo, la nueva simplicidad (Ny Simplicitet), el regreso a la tonalidad. La música concreta y electrónica de la primera generación quedó desplazada por las nuevas corrientes.
También hay factores personales. Pade no formó familia, no tuvo hijos. Vivió sola durante la mayor parte de su vida adulta. No se integró en redes profesionales ni en asociaciones de compositores que pudieran dar visibilidad a su trabajo. Su carácter, según los testimonios de quienes la conocieron en su vejez, era reservado, austero, poco dado a la autopromoción. No buscó la fama, no cultivó relaciones estratégicas, no escribió sobre su propia obra para situarla en el discurso de la vanguardia.
El olvido
Entre aproximadamente 1970 y 2005, Else Marie Pade desapareció prácticamente de la vida musical danesa. No se programaron sus obras, no se publicaron grabaciones, no se la mencionó en las historias de la música danesa contemporánea. Su nombre no figuraba en las enciclopedias musicales, en los catálogos de compositores ni en los programas de los festivales de música nueva. Las cintas de sus obras permanecieron en los archivos de DR, sin ser escuchadas, sin ser transferidas a nuevos soportes, expuestas al deterioro físico.
Este olvido no fue un caso aislado. La primera generación de compositores electrónicos de muchos países europeos fue relegada al silencio cuando las vanguardias de los sesenta dieron paso a nuevas estéticas. Pero en el caso de Pade, la invisibilidad fue más radical que en el de sus contemporáneos masculinos de otros países, que al menos conservaron un lugar en la historiografía. La combinación de género, periferia geográfica, ausencia de teorización y precariedad institucional creó las condiciones para un borrado casi completo.
El redescubrimiento: 2005–2016
El proceso de recuperación de la figura de Else Marie Pade comenzó en la primera década del siglo XXI y se intensificó en la segunda. Varios factores convergieron: el interés creciente por la historia de la música electrónica en sus orígenes, la revalorización de las mujeres compositoras olvidadas, el auge de la arqueología de los medios y el redescubrimiento de los archivos sonoros de las radios públicas europeas.
En Dinamarca, la musicóloga y cineasta Trine Boje desempeñó un papel fundamental en la recuperación de Pade. Boje investigó los archivos de DR, localizó las cintas originales, entrevistó a Pade —ya octogenaria, residente en una institución geriátrica— y produjo un documental que restituyó la figura de la compositora al debate cultural danés. El documental permitió escuchar la voz de Pade, ver su rostro, conocer su historia: la resistencia, Ravensbrück, París, el estudio de radio, el silencio posterior.
En 2009, el sello discográfico estadounidense Important Records publicó una recopilación de obras de Pade bajo el título Syv Cirkler, que incluía la pieza homónima y otras composiciones de los años cincuenta y sesenta. La edición, en formato CD, fue acompañada de notas que contextualizaban la obra y la situaban en la historia de la música electrónica. Este lanzamiento tuvo una repercusión significativa en los círculos de música experimental y electrónica a nivel internacional: por primera vez, la obra de Pade era accesible fuera de los archivos de DR.
En los años siguientes, se sucedieron emisiones radiofónicas, artículos en revistas especializadas, menciones en festivales de música electrónica y nuevas grabaciones de sus obras. La historia de Pade —la resistente antinazi, la superviviente de Ravensbrück, la pionera olvidada— poseía una fuerza narrativa que facilitó su difusión, aunque este interés biográfico no siempre se acompañó de un análisis musical riguroso de sus composiciones.
Análisis de la obra: estética y procedimiento
La música de Else Marie Pade se inscribe en la tradición de la música concreta, pero con características propias que la distinguen de la ortodoxia schaefferiana. Mientras Schaeffer tendía a la abstracción progresiva del objeto sonoro —el sonido grabado debía ser transformado hasta perder su referencia al origen—, Pade conservaba a menudo la reconocibilidad del material. Sus piezas incluyen sonidos identificables: voces, pasos, ruidos mecánicos, sonidos de la naturaleza. La transformación existe —aceleraciones, inversiones, bucles, filtrados—, pero no busca la disolución completa del referente.
El montaje es el principio compositivo fundamental. Pade trabajaba con la cinta como un artesano: cortaba, empalmaba, superponía capas, creaba transiciones por yuxtaposición abrupta o por fundido. No utilizaba partitura en el sentido convencional; la composición se realizaba directamente sobre el soporte magnético, en un proceso de prueba, error y escucha iterativa. Este método, compartido con Schaeffer y con la mayoría de los compositores concretos de la primera generación, adquiría en Pade una cualidad particularmente intuitiva: sus decisiones de montaje parecen responder más a una lógica perceptiva y emocional que a un esquema formal preconcebido.
Syv Cirkler es la obra donde esta estética alcanza su mayor complejidad. La estructura en siete secciones sugiere una arquitectura simbólica —el círculo como forma cerrada, como ciclo, como totalidad— que trasciende la mera organización temporal. Las fuentes describen la pieza como una sucesión de ambientes sonoros contrastantes, con momentos de densidad extrema y pasajes de casi silencio. El uso del espacio —la distribución de altavoces en el pabellón de Bruselas— añade una dimensión inmersiva que anticipa las instalaciones sonoras de décadas posteriores.
En las piezas más breves (Etude I, Afsæt), la economía de medios es más radical: pocos sonidos, transformaciones mínimas, una atención casi microscópica a las propiedades acústicas del material. Estas obras se acercan a lo que más tarde se llamaría música minimalista, aunque sin la repetición sistemática que caracteriza a esta corriente.
Últimos años y muerte
Else Marie Pade vivió sus últimas décadas en una residencia de ancianos en la región de Copenhague. Las fotografías y testimonios de este período muestran a una mujer menuda, de mirada intensa, que conservaba una lucidez notable y un interés vivo por la música. Recibió visitas de investigadores, periodistas y músicos jóvenes que acudían a conocerla tras el redescubrimiento de su obra. En estas entrevistas tardías, Pade hablaba con precisión de sus años en DR, de su viaje a París, de Schaeffer, de las técnicas de grabación. Sobre Ravensbrück, seguía siendo más reticente, aunque no evitaba el tema si se le preguntaba directamente.
No volvió a componer en sus últimos años. La tecnología había cambiado irreversiblemente, y ella no se adaptó a los medios digitales. Su obra quedó congelada en el tiempo, como las cintas magnéticas que la contenían: un artefacto de otra época, de otra tecnología, de otra manera de entender el sonido.
Else Marie Pade murió el 17 de enero de 2016, a los noventa y un años. Su muerte fue recogida brevemente por la prensa danesa. No hubo funerales de Estado ni homenajes oficiales de las instituciones musicales. El silencio que había rodeado su vida activa se extendió, atenuado, sobre su desaparición.
Legado e interpretaciones historiográficas
El legado de Else Marie Pade es, en 2026, un objeto en construcción. Su figura ha sido recuperada, pero aún no ha sido plenamente integrada en las narrativas canónicas de la música electrónica. Las razones de esta integración incompleta son varias: su obra es cuantitativamente limitada en comparación con la de Schaeffer, Stockhausen o Varèse; su influencia directa sobre compositores posteriores es difícil de documentar; y el contexto danés en que trabajó sigue siendo periférico respecto a los centros historiográficos de la música experimental.
Sin embargo, su caso ha adquirido una significación que trasciende lo estrictamente musical. Pade se ha convertido en un símbolo de las mujeres olvidadas por la historiografía de la vanguardia, un ejemplo de cómo las estructuras de poder del mundo artístico —género, geografía, clase, institución— determinan quién es recordado y quién no. Su historia se inscribe en la misma constelación que los redescubrimientos de Delia Derbyshire, Daphne Oram, Éliane Radigue, Laurie Spiegel y otras pioneras de la música electrónica que fueron sistemáticamente excluidas de los relatos dominantes.
Desde la musicología, el caso Pade plantea cuestiones metodológicas relevantes: ¿cómo se escribe la historia de una obra que apenas fue escuchada en su tiempo? ¿Qué valor tiene una composición que no generó escuela, que no fue comentada por la crítica, que no circuló en el mercado? ¿Es el valor de una obra intrínseco a sus cualidades sonoras o depende de su recepción? Pade no influyó en nadie, o al menos no hay evidencia documental de influencia directa. Y sin embargo, sus obras existen, tienen cualidades audibles, plantean problemas compositivos reales. Su valor, si lo tiene, no puede residir en la influencia ni en la recepción, sino en el acto mismo de creación en condiciones de extrema adversidad.
Algunos investigadores han señalado el riesgo de que la recuperación de Pade se reduzca a su dimensión biográfica —la resistente, la superviviente de Ravensbrück, la mujer olvidada— en detrimento del análisis musical propiamente dicho. Este riesgo es real: la fuerza narrativa de su vida puede eclipsar la escucha atenta de sus obras. Una historiografía rigurosa debería atender a ambas dimensiones sin que una devore a la otra.
Contradicciones y zonas oscuras
La figura de Pade no está exenta de zonas poco exploradas. La relación exacta entre su experiencia concentracionaria y su estética sonora es un terreno que ella misma no quiso o no pudo articular plenamente. ¿Hasta qué punto la escucha extrema del campo —el sonido como amenaza, como señal de peligro, como indicador de vida o muerte— condicionó su aproximación al material sonoro? ¿Hay una ética del sonido en su obra que derive de esa experiencia? Son preguntas legítimas, pero las fuentes no permiten responderlas con certeza. Pade no teorizó, no escribió textos estéticos, no dejó diarios ni manifiestos. Su pensamiento musical solo puede inferirse de las obras mismas y de las pocas declaraciones tardías que concedió.
Otra zona oscura es la de su producción para teatro y danza de los años sesenta y setenta. Estas obras, si existen aún en los archivos de DR, no han sido estudiadas ni catalogadas. Es posible que entre ellas haya piezas de interés que amplíen el corpus conocido. La investigación en los archivos de la radio danesa está aún incompleta.
También permanece poco clara la naturaleza exacta de su relación con Schaeffer. ¿Fue una relación de maestra-alumna, de colegialidad, de mera asistencia a cursos? ¿Hubo correspondencia posterior? ¿Se siguieron viendo? Las fuentes disponibles sugieren un contacto breve e intenso, pero no una relación sostenida en el tiempo. Pade no formó parte del GRM ni del GRM posterior. Su vínculo con París fue puntual, no orgánico.
Finalmente, existe la cuestión de las atribuciones. Algunas piezas radiófónicas de DR de los años cincuenta y sesenta fueron creadas colectivamente o con la intervención de técnicos cuyo nombre no siempre fue registrado. Distinguir con certeza qué obras son exclusivamente de Pade y cuáles son fruto de una colaboración o de un encargo colectivo es, en algunos casos, difícil.
Conclusión: el sonido de una vida
La historia de Else Marie Pade no es la historia de un genio incomprendido ni la de una mártir del arte. Es algo más complejo y, en cierto modo, más interesante: la historia de una mujer que, tras sobrevivir a la experiencia más extrema que el siglo XX podía infligir a un ser humano, encontró en el sonido una forma de reconstruir una relación con el mundo que la violencia había destrozado. No compuso para ser famosa, no teorizó para ser leída, no buscó el reconocimiento. Compuso porque el sonido —su grabación, su transformación, su organización— era el modo que había encontrado de habitar el mundo después de Ravensbrück.
Su olvido no fue un accidente ni una injusticia abstracta. Fue el resultado concreto de unas estructuras: un mundo musical que no valoraba la experimentación en países periféricos, una industria cultural que invisibilizaba a las mujeres creadoras, una tecnología que condenaba al silencio las obras que no se transferían a nuevos soportes, una personalidad que no buscó la visibilidad. Cada uno de estos factores, por sí solo, podría haber sido superado. Juntos, fueron letales.
Su redescubrimiento, iniciado en los años 2000 y aún en curso, plantea una pregunta incómoda: ¿cuántas Else Marie Pade permanecen aún en los archivos, en las cintas deterioradas, en los fondos no catalogados de las radios públicas europeas? ¿Cuántas obras se han perdido irremediablemente porque nadie las escuchó a tiempo? La recuperación de Pade es valiosa, pero también es un recordatorio de lo que se ha perdido para siempre.
El sonido, a diferencia de la palabra escrita, necesita ser escuchado para existir. Una partitura puede permanecer en un archivo durante siglos y cobrar vida cuando alguien la interpreta. Una cinta magnética, si nadie la reproduce, se degrada en silencio. Las obras de Pade estuvieron a punto de sufrir ese destino: desintegrarse físicamente sin haber sido apenas oídas. Su supervivencia, precaria, dependiente de la voluntad de unos pocos investigadores y del azar de un archivo que no fue purgado, es un milagro menor de la historia cultural.
Escuchar hoy Syv Cirkler o A Day at Dyrehavsbakken no es solo un acto de recuperación histórica. Es un acto de justicia mínima hacia una mujer que dedicó su vida a escuchar el mundo y a devolverlo transformado, y que durante medio siglo no encontró a nadie que la escuchara a ella.
Bibliografía
Boje, Trine. Else Marie Pade – Lydens pioner. Documental producido para la televisión danesa (DR), c. 2006–2009. [Documental sobre la vida y obra de Pade, con entrevistas a la propia compositora.]
Chion, Michel. La musique concrète. París: Presses Universitaires de France, coll. «Que sais-je?», 1983.
Chion, Michel. Guide des objets sonores: Pierre Schaeffer et la recherche musicale. París: Buchet/Chastel, 1983.
Christiansen, Erik. Dansk musiks historie i det 20. århundrede. Copenhague: Gyldendal, 2001. [Historia general de la música danesa en el siglo XX.]
Else Marie Pade. Syv Cirkler. CD. Important Records, IMPREC241, 2009. [Recopilación de obras electrónicas y concretas de Pade, con notas de acompañamiento.]
Holmboe, Vagn. Musik og eksistens. Copenhague: Gyldendal, 1964. [Reflexiones del compositor danés sobre música y existencia.]
Manning, Peter. Electronic and Computer Music. 4.ª ed. Oxford: Oxford University Press, 2013. [Historia general de la música electrónica que incluye referencias al contexto escandinavo.]
Pade, Else Marie. Entrevistas realizadas por Trine Boje y otros investigadores, 2005–2014. Archivo de Danmarks Radio (DR), Copenhague. [Testimonios orales de la compositora en sus últimos años.]
Schaeffer, Pierre. À la recherche d’une musique concrète. París: Éditions du Seuil, 1952. [Texto fundacional de la música concreta.]
Schaeffer, Pierre. Traité des objets musicaux: essai interdisciplines. París: Éditions du Seuil, 1966. [Tratado teórico sobre los objetos sonoros.]
Stockhausen, Karlheinz. Texte zur Musik 1952–1962. Ed. Dieter Schnebel. Colonia: Verlag M. DuMont Schauberg, 1963. [Escritos teóricos de Stockhausen sobre música electrónica.]
Sørensen, Henrik. «Elektronisk musik i Danmark: en overset historie». Dansk Musik Tidsskrift, vol. 82, n.º 4, 2008, pp. 112–127. [Artículo sobre la historia de la música electrónica en Dinamarca.]
Archivo de Danmarks Radio (DR), Copenhague. Fondo de producciones radiófónicas, 1950–1975. [Cintas magnéticas y documentación de producción.]
Königstein, Peter. «Musique concrète in Skandinavien: Frühe Versuche und vergessene Pioniere». Neue Zeitschrift für Musik, vol. 171, n.º 3, 2010, pp. 44–49. [Artículo sobre los primeros intentos de música concreta en Escandinavia.]
Nota sobre las fuentes:
la investigación sobre Else Marie Pade se encuentra aún en una fase relativamente temprana. Muchas de las obras citadas en este ensayo se conocen a través de los archivos de Danmarks Radio y de los testimonios orales recogidos en el documental de Trine Boje. No existe, hasta la fecha, una monografía académica exhaustiva dedicada exclusivamente a Pade, y varios aspectos de su biografía y producción permanecen insuficientemente documentados. Las fechas y datos presentados aquí se han contrastado con las fuentes disponibles, pero en algunos puntos las versiones difieren ligeramente, lo cual se ha señalado en el texto.
El CANDELABRO.ILUMINANDO MENTES
#ElseMariePade #MusicaElectronica #MusicaConcreta #MusicaDanesa #HistoriaDeLaMusica #MusicaExperimental #VanguardiaMusical #MujeresCompositoras #PierreSchaeffer #DanmarksRadio #Ravensbruck #HistoriaCultural /.
Descubre más desde REVISTA LITERARIA EL CANDELABRO
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

