Entre las relaciones que construyen nuestra vida aparecen obligaciones que no elegimos desde cero. Ser madre, maestro o amigo significa asumir responsabilidades que nacen de nuestra posición en la sociedad. Dorothy Emmet exploró esta conexión entre los roles sociales, las normas y la moral, tendiendo un puente entre filosofía y sociología. ¿Hasta qué punto determinan nuestras relaciones lo que debemos hacer? ¿Podemos transformar las normas sin renunciar a nuestras responsabilidades?


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Dorothy Emmet: las responsabilidades que nacen de nuestros papeles sociales


Una pregunta incómoda en la puerta de casa

Pensemos en una persona que es madre, maestra y amiga a la vez. ¿Por qué tiene obligaciones hacia sus hijos, hacia sus alumnos y hacia quienes la quieren? Una respuesta clásica diría que esas obligaciones proceden de principios universales, de un deber abstracto que se impone a cualquier agente racional. Otra respuesta, más empírica, diría que proceden de costumbres y expectativas que cada sociedad ha establecido. Dorothy Emmet (1904–2000) propuso una tercera vía: las obligaciones morales nacen de las posiciones que ocupamos en una red social, y esas posiciones llevan normas incorporadas.

La paradoja de su figura es considerable. Emmet fue una filósofa formada en la tradición de Whitehead, autora de un libro pionero sobre la metafísica del proceso, y al mismo tiempo escribió una de las obras de filosofía moral británica más atentas a la sociología de su tiempo. Sin embargo, durante décadas ocupó un lugar marginal en el canon. Un estudio reciente sostiene que, a diferencia de sus contemporáneos del llamado “Cuarteto de la Guerra” (Foot, Midgley, Anscombe y Murdoch), Emmet ha recibido muy poca atención académica, aunque comparte con ellos el rechazo a la distinción entre hecho y valor y un enfoque de inspiración aristotélica. Este ensayo intenta explicar qué sostuvo, en qué contexto lo sostuvo, por qué su obra quedó relegada y qué interpretaciones se disputan hoy.


Contexto: la filosofía británica entre dos siglos


Emmet se formó en Oxford durante la década de 1920, en un ambiente que conservaba un clima más amplio y antiguo que el de la filosofía analítica, que todavía no había transformado la disciplina en Gran Bretaña. Esa herencia explica en parte su disposición a conectar la filosofía con la historia, la religión y las ciencias sociales.

El marco dominante de la metaética de mediados de siglo era, sin embargo, otro. La distinción entre hechos y valores, de origen humeano, sostenía que las afirmaciones descriptivas no pueden fundamentar por sí mismas juicios normativos. Emmet cuestionó esa separación desde dentro de la tradición británica. Su posición, según la lectura de Peter West, parte de que las obligaciones morales dependen de hechos sobre nuestros papeles sociales, y esos papeles son también hechos sobre cómo debemos comportarnos.

El contexto institucional también importa. La Universidad de Manchester de la posguerra reunió a un grupo notable de pensadores. Entre ellos estaban Max Gluckman, Michael Polanyi y Arthur Prior. Gluckman, antropólogo sudafricano y fundador de la llamada Escuela de Manchester, fue una figura especialmente relevante. Durante los años cincuenta Emmet participó en un seminario de antropología de carácter interdisciplinar dirigido por Gluckman, un crítico del colonialismo británico. Esa experiencia dejó huella en sus ideas sobre la relación entre individuo e institución.


Orígenes y formación



Dorothy Mary Emmet nació el 29 de septiembre de 1904 en Kensington, Londres. Era hija del reverendo Cyril William Emmet, clérigo anglicano y teólogo, y fue la mayor de tres hermanos. Estudió en St Mary’s Hall, en Brighton, y después en Lady Margaret Hall de Oxford, donde obtuvo una primera de honores en 1927.

Su momento decisivo llegó con Alfred North Whitehead. Tras su etapa en Oxford, Emmet estudió de 1928 a 1930 en el Radcliffe College, el colegio femenino de Harvard, con una beca de la Commonwealth. Whitehead impartía entonces sus clases que dieron origen a Process and Reality. Según un relato que circula entre sus biógrafos, algunos pasajes de esa obra procedían directamente de los apuntes de Emmet, que ella entregaba a Whitehead después de clase. La anécdota no está completamente documentada en las fuentes consultadas y conviene tratarla como tradición biográfica, no como hecho verificado.


Primeros años: Whitehead, Newcastle y Manchester


De su relación con Whitehead surgió su primera gran obra, Whitehead’s Philosophy of Organism (1932), que fue el primer comentario sistemático sobre el pensamiento de Whitehead. El libro la estableció como una intérprete seria de la metafísica del proceso, y esa vocación metafísica nunca la abandonó, aunque sus preocupaciones morales y sociales crecieran con los años.

Tras un breve periodo en Oxford, Emmet fue nombrada profesora de filosofía en el King’s College de Newcastle-upon-Tyne en 1932. En 1938 se trasladó a Manchester. Allí entró como docente de filosofía de la religión, y con el tiempo dirigió el departamento de filosofía durante más de veinte años. Su título académico fue el de catedrática Sir Samuel Hall de Filosofía, y permaneció en Manchester hasta su jubilación en 1966.

Estos años de formación en el norte de Inglaterra son importantes porque la filosofía de Emmet siempre estuvo atravesada por la pregunta sobre cómo se conectan las personas con las instituciones que las rodean.


El núcleo de su pensamiento: roles, normas y obligaciones


La idea central de Emmet puede resumirse así: un papel social es una posición dentro de una red de relaciones, con expectativas y normas asociadas, y de esa posición surgen responsabilidades que no dependen únicamente de la voluntad individual. Ser madre, hermana, amigo o maestro no es una etiqueta descriptiva. Son roles con normas de conducta incorporadas, y de ellos se derivan obligaciones que el sujeto no crea a partir de cero.

Esta concepción tiene varias consecuencias relevantes.

Primera: la responsabilidad se origina en la posición, no solo en la intención. Quien ocupa un papel social asume compromisos que existen antes de sus deseos personales. Un profesor no decide arbitrariamente si debe evaluar con justicia a sus alumnos; ese deber forma parte de lo que significa ocupar esa posición. Esta idea enlaza con la tradición británica del idealismo y con la preocupación por la vida comunitaria. Según Lawrence Blum, la concepción social de la moralidad de Emmet se conecta con la dimensión espiritual y religiosa de la vida, en línea con la tradición hegeliana y el idealismo británico.

Segunda: los roles tienen una genealogía teórica. Emmet tomó de la sociología, y en particular de Robert K. Merton, el concepto de rol como posición socialmente estructurada. Según el análisis de Mapping Connections, Emmet desarrolló, a partir del trabajo pionero de Merton sobre los roles, un enfoque ético profundamente informado por la sociología, en el que el rol es una posición social moralmente estructurada que lleva responsabilidades y obligaciones específicas. Stephen Turner ha dedicado un estudio específico a la relación entre ambos autores, lo que confirma que la deuda con Merton es un tema reconocido en la historiografía.

Tercera: el rol no agota al individuo. Quizá el aspecto más interesante del pensamiento de Emmet es su tensión con la objeción existencialista. Sartre había criticado la noción de rol por considerarla una máscara que oculta la libertad del sujeto. Emmet no se limitó a ignorar esta crítica. Según la misma fuente, fue influida por la crítica de Sartre a los roles, compartiendo con Iris Murdoch y Mary Warnock el interés por Sartre, pero subrayó el estilo individual que puede expresar cada ocupante de un papel. Aquí aparece la tensión que atraviesa todo su libro: la norma del rol y la creatividad personal. Un buen médico cumple las exigencias de su papel, pero lo hace de una manera que es suya.

Conviene separar aquí lo documentado de la interpretación. Que Emmet defendió la dependencia de los hechos morales respecto de los hechos sociales está bien establecido por la literatura secundaria. Que su solución a la tensión entre norma y libertad sea convincente es una cuestión abierta, que los especialistas todavía discuten.


Entorno intelectual: antropología, religión y filosofía de la mente


El pensamiento de Emmet no puede entenderse sin su relación con la antropología. Una frase que se le atribuye en su biografía resume bien su posición: la antropología no es solo el estudio de las instituciones sociales, sino del hombre institucional. Esa formulación sugiere que el objeto de estudio no es la estructura en sí, sino el sujeto que habita esa estructura y la interpreta.

Su interés por la religión fue igualmente constante. Tuvo un interés duradero por la religión y, hacia mediados de los años sesenta, dejó Manchester para trasladarse a Cambridge, donde se integró en una comunidad intelectual y religiosa, los Epiphany Philosophers. La religión no era para ella un ámbito separado de la filosofía, sino una dimensión de la vida que exige la misma seriedad conceptual.


Madurez: Cambridge y el giro hacia la metafísica


En 1966 Emmet se jubiló y se instaló en Cambridge. Allí compartió casa con Richard Braithwaite, filósofo de la ciencia y de la religión, y con Margaret Masterman, filósofa y lingüista fundadora de la Cambridge Language Research Unit. Esa casa fue el centro de la comunidad de los Epiphany Philosophers. Durante quince años, desde 1966 hasta 1981, Emmet fue además una de las principales editoras de la revista de la comunidad, Theoria to Theory.

En esos años publicó trabajos que muestran su vuelta a la metafísica, inspirada de nuevo en Whitehead. Entre ellos figuran The Effectiveness of Causes (1986) y The Passage of Nature (1992), que analiza con rigor qué significa que algo sea un proceso, con referencias críticas a algunas tesis de Whitehead.

Esta trayectoria produce una lectura interesante: Emmet no abandonó la filosofía del proceso para dedicarse a la ética social, ni al revés. Sus dos preocupaciones se alimentaron mutuamente. La idea de que los seres se constituyen en relación con otros, tan presente en Whitehead, reaparece en su teoría de los roles como una relación entre posiciones.


Rules, Roles and Relations (1966)


El libro que hoy la recuerda es Rules, Roles and Relations, publicado en 1966 por Macmillan en Londres y por St. Martin’s Press en Nueva York. Según la ficha bibliográfica, tiene x y 220 páginas e incluye notas bibliográficas al pie. Tuvo una edición estadounidense posterior, publicada en Boston por Beacon Press en 1975.

Su tesis principal, como hemos visto, sostiene que las normas sociales y las relaciones que los individuos establecen son la materia de la que se forman las obligaciones. Emmet argumenta, en contra de una ética puramente abstracta, que la filosofía moral podría aprender mucho de la investigación sociológica. El libro dialoga con autores como Merton y con las discusiones sobre las reglas en la filosofía analítica, pero no se limita a aplicar conceptos ajenos: propone una manera de concebir la relación entre hechos sociales y valores morales.

La recepción del libro fue desigual. Tiene una presencia académica reconocible, pues ha sido citado en trabajos posteriores sobre ética de la percepción y sobre responsabilidad como virtud, pero durante décadas no ocupó el lugar central que su calidad podría haber merecido. Aquí vale la pena preguntarse por qué.


Olvido y redescubrimiento


Hay al menos tres razones posibles para el relativo olvido de Emmet, y ninguna es definitiva.

La primera es disciplinar. Emmet escribió entre dos tradiciones, la de la metafísica del proceso y la de la ética sociológica, y ninguna de ellas la colocó en el centro de sus respectivos canon. Los historiadores de la filosofía británica tienden a agrupar a los autores por escuelas, y ella no encajaba del todo en ninguna.

La segunda es generacional. Emmet vivió y escribió a la sombra de figuras más mediáticas, como Whitehead antes y los integrantes del Cuarteto después. La comparación con este grupo resulta reveladora, porque, como ha observado la literatura reciente, Emmet compartió con el Cuarteto el rechazo a la distinción entre hecho y valor, un enfoque cercano al aristotelismo y un cognitivismo moral.

La tercera es metodológica. Su apuesta por integrar la sociología en la filosofía moral resultó poco ortodoxa en un momento en que la filosofía analítica prefería separar con nitidez los planos conceptual y empírico.

El redescubrimiento es reciente. Stephen Turner dedicó en 2014 un estudio a la relación entre Merton y Emmet en Philosophy of the Social Sciences. Peter West publicó en 2023 un artículo en el British Journal for the History of Philosophy sobre la filosofía de la percepción de Emmet y la crisis de la metafísica. Ese mismo autor ha preparado un trabajo sobre roles sociales y hechos morales para el Archiv für Geschichte der Philosophie, todavía en prensa en las fuentes consultadas. Lawrence Blum, en 2024, sostuvo que Emmet fue una aliada natural del Cuarteto en la contribución a esas tradiciones de contrapeso frente a la filosofía dominante.

A este renovado interés se suma la institucionalización de su memoria. Desde 2016, la Universidad de Manchester celebra anualmente las Dorothy Emmet Lectures, en memoria de la filósofa, que fue profesora de la universidad desde 1938 hasta su jubilación a mediados de los años sesenta. Entre los conferenciantes figuran Maria Alvarez, Miranda Fricker y Alison Stone, lo que indica que su nombre se ha asociado a debates contemporáneos de ética y filosofía de la acción.


Interpretaciones y debates


La historiografía actual sobre Emmet no es unánime. Pueden distinguirse, al menos, tres líneas de lectura.

La lectura moral y sociológica. Es la más extendida entre quienes han redescubierto su libro de 1966. Presenta a Emmet como una pensadora que quiso reconstruir la ética a partir de las instituciones y los roles, y que anticipó en parte discusiones posteriores sobre la ética de las virtudes y sobre la responsabilidad social.

La lectura metafísica. Otros autores insisten en que el núcleo de su obra es la filosofía del proceso, y que sus escritos morales son una prolongación de su interés por la relación entre individuo y totalidad, de origen whiteheadiano. Desde esta perspectiva, la teoría de los roles sería una aplicación de la metafísica de las relaciones.

La lectura crítica. Esta línea cuestiona la fuerza de su propuesta. Si los roles traen normas incorporadas, ¿cómo se evalúan las normas que son injustas? ¿No corre el riesgo de justificar el statu quo al asignar obligaciones a las posiciones existentes? La objeción sartreana sigue siendo pertinente: si un rol es también una máscara, la teoría de Emmet necesita explicar con más detalle cómo el individuo puede criticar y transformar los papeles que ocupa. Emmet intentó responder con la noción de estilo individual, pero su respuesta no siempre resulta concluyente para los lectores de hoy.

Conviene también mantener una cautela histórica. El renovado interés por Emmet es reciente y se apoya en un número todavía reducido de estudios especializados. Parte de su revalorización puede estar exagerada por el deseo de encontrar precursores de las discusiones actuales. Un juicio prudente diría que su obra merece una atención mayor de la que ha recibido, pero que todavía falta un estudio exhaustivo que permita valorar con precisión su lugar en la filosofía británica del siglo XX.Conclusión


Conclusión


Dorothy Emmet defendió una idea que hoy resulta familiar, aunque no siempre se le reconoce su origen: nuestras obligaciones no surgen solo de principios generales ni de cálculos individuales, sino de las posiciones que ocupamos en un entramado de relaciones. Ser madre, amigo o maestro es ocupar un lugar social que lleva consigo expectativas, normas y compromisos. Esa tesis le permitió tender un puente entre la filosofía moral y la sociología, y entre la metafísica del proceso y la vida cotidiana de las instituciones.

Su biografía muestra también algo más amplio sobre la filosofía del siglo XX. La separación nítida entre hechos y valores, la especialización disciplinar y la preferencia por los grandes nombres dejaron fuera a pensadoras que trabajaban en las zonas de contacto entre disciplinas. El redescubrimiento de Emmet invita a revisar esas fronteras. Y su pregunta inicial, por qué debemos algo a quienes ocupan con nosotros un mismo papel en el mundo, sigue siendo tan incómoda y necesaria como en 1966.


Bibliografía

Obras de Dorothy Emmet

Emmet, Dorothy M. (1932). Whitehead’s Philosophy of Organism. Londres: Macmillan.

Emmet, Dorothy M. (1945). The Nature of Metaphysical Thinking. Londres: Macmillan.

Emmet, Dorothy M. (1958). Function, Purpose and Powers: Some Concepts in the Study of Individuals and Societies. Londres: Macmillan.

Emmet, Dorothy M. (1966). Rules, Roles and Relations. Londres: Macmillan; Nueva York: St. Martin’s Press.

Emmet, Dorothy M. (1975). Rules, Roles and Relations. Boston: Beacon Press.

Emmet, Dorothy M. y MacIntyre, Alasdair (eds.) (1970). Sociological Theory and Philosophical Analysis. Londres: Macmillan.

Emmet, Dorothy M. (1986). The Effectiveness of Causes.

Emmet, Dorothy M. (1992). The Passage of Nature. Londres: Macmillan y Temple Press.

Estudios sobre Dorothy Emmet y su obra

Blum, Lawrence (2024). “Dorothy Emmet and the Quartet”. Women in Parenthesis. https://womeninparenthesis.co.uk/dorothy-emmet-and-the-quartet

McHenry, Leemon (2005). “Emmet, Dorothy Mary (1904–2000)”. En Stuart Brown (ed.), Dictionary of Twentieth-Century British Philosophers. Bristol: Thoemmes Press, pp. 265–267.

Turner, Stephen (2014). “Robert Merton and Dorothy Emmet”. Philosophy of the Social Sciences, 44(6), pp. 817–836.

West, Peter (2023). “Seeing Life Steadily: Dorothy Emmet’s philosophy of perception and the crisis in metaphysics”. British Journal for the History of Philosophy, pp. 1–25.

West, Peter. “Living With Each Other: Dorothy Emmet on Social Roles and Moral Facts”. Archiv für Geschichte der Philosophie (en prensa).

Wikipedia (en). “Dorothy Emmet”. https://en.wikipedia.org/wiki/Dorothy_Emmet


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