Entre el rojo y el color existe una diferencia que parece insignificante, pero que encierra un problema fundamental de la lógica: ¿cómo se relaciona una cualidad concreta con la categoría general a la que pertenece? W. E. Johnson abordó esta cuestión mediante su distinción entre lo determinado y lo determinable, una propuesta que desafió las clasificaciones tradicionales y abrió nuevas discusiones en la filosofía analítica. ¿Es el rojo simplemente una clase de color? ¿O revela una estructura más profunda de nuestro pensamiento?
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Ser rojo y ser de un color: la distinción de W. E. Johnson entre lo determinado y lo determinable
La frase «rojo es un color» parece tan obvia que pocos lectores se detienen en ella. Sin embargo, la lógica tradicional tenía dificultades para explicar qué clase de verdad expresa. Si decimos que «Platón es un hombre», sabemos qué significa: Platón pertenece a la clase de los hombres. Pero ¿qué relación hay entre el rojo y el color? No parece que el rojo pertenezca al color del mismo modo en que Platón pertenece a la humanidad, y tampoco parece que «color» sea una propiedad más que el rojo posea junto con otras. El lógico William Ernest Johnson (1858-1931), profesor en Cambridge y maestro de John Maynard Keynes, dedicó un capítulo de su Logic a esta cuestión y propuso una terminología que aún hoy se discute. Su tesis puede resumirse en una idea: ser rojo y ser de un color no son lo mismo, y confundirlos oscurece la estructura de nuestros conceptos de cualidad.
El problema de la predicación
La lógica aristotélica y la de la escuela escolástica distinguían con cuidado entre sujeto y predicado, entre género y especie, y entre accidente y sustancia. Pero el vocabulario de los atributos cualitativos (rojo, cuadrado, caliente) presentaba una dificultad particular. Los términos de color y forma parecen organizarse en niveles: rojo, azul y verde son variedades de color; círculo y triángulo son variedades de figura. Sin embargo, esa organización no se deja capturar fácilmente con la definición clásica por género próximo y diferencia específica. No es posible definir el rojo como «color» más una diferencia que lo separe del azul de manera análoga a como se define al hombre como animal racional.
Johnson advirtió que esta dificultad no era marginal. Afectaba a la manera en que la lógica describe cualquier clasificación de cualidades, desde los colores hasta los grados de temperatura o las variedades de sonido. El problema, para él, era de forma lógica antes que de contenido empírico: ¿qué tipo de relación une un término como «rojo» con un término como «color»?
Contexto intelectual de Cambridge
Para entender el alcance de la propuesta conviene situarla en la vida intelectual de Cambridge a comienzos del siglo XX. Johnson pertenecía a una tradición de lógica británica que combinaba la herencia de Mill y de Bain con un interés creciente por la formalización y por la teoría de la inferencia. A principios de siglo, la lógica en Gran Bretaña atravesaba una transformación: se discutía el alcance de los sistemas simbólicos, la naturaleza de las proposiciones y el estatus de las relaciones. Johnson no fue un formalista puro. Su obra mantiene un vínculo estrecho con la práctica del razonamiento ordinario y con las preguntas del conocimiento científico.
Su Logic, publicada en tres partes entre 1921 y 1924 por Cambridge University Press, es una obra extensa que mezcla análisis lingüístico, teoría de los términos y reflexión sobre la inducción. La primera parte, de 1921, contiene el capítulo que más interesa aquí: el capítulo XI, dedicado a lo que Johnson llama «lo determinado y lo determinable». Según la literatura especializada, es el texto principal donde Johnson desarrolla la distinción.
La tesis de Johnson: determinables y determinados
Johnson propuso llamar «determinables» a términos como «color» o «forma», y «determinados» a términos como «rojo» o «circular». Un determinable es una cualidad genérica que admite varias determinaciones; un determinado es una de esas determinaciones concretas. El rojo es un determinado del color; el círculo, de la forma.
Lo más llamativo de su propuesta es que, según Johnson, la relación entre determinable y determinado no es la que existe entre un género y una especie en el sentido clásico. Un determinado no se distingue de su determinable añadiéndole una nota adicional que lo especifique mediante una definición conjuntiva. No se puede definir el rojo como «color que es X y además Y», con X e Y propiedades independientes, porque el rojo no es una combinación de dos rasgos: es una manera única de ser coloreado. Johnson sostuvo que algunos determinados, como el rojo, no pueden diferenciarse de su género mediante una definición tradicional de ese tipo, y que este hecho exige una lógica distinta.
Esta observación tiene consecuencias. Johnson distinguió, además, entre términos sustantivos y adjetivos. El rojo funciona como un adjetivo que se predica de las cosas (esta manzana es roja), mientras que el color funciona de un modo que no coincide con el de una simple propiedad predicable. Dicho de otro modo, cuando decimos «el rojo es un color», no estamos atribuyendo al rojo una cualidad llamada «color» en el mismo sentido en que atribuimos a una manzana la cualidad de ser roja. Esta diferencia entre el sustantivo y el adjetivo es el núcleo de la distinción que el título de este ensayo recoge: ser rojo y ser de un color pertenecen a planos lógicos diferentes.
Johnson también observó que un determinado sólo puede pertenecer a un determinable, y que dos determinados del mismo determinable se excluyen mutuamente. Nada puede ser simultáneamente rojo y azul en el mismo punto y el mismo sentido; en cambio, rojo y cuadrado no son determinados de un mismo determinable, porque no se excluyen en el mismo sentido. Esta exclusión, según los comentaristas, explica por qué dos determinados del mismo determinable no pueden ocupar exactamente la misma parte espaciotemporal de un objeto.
Interpretaciones y discusiones posteriores
La propuesta de Johnson no fue acogida como un bloque. Durante décadas se consideró una contribución interesante, pero técnicamente opaca. Su vocabulario era nuevo, y algunos de sus usos de palabras familiares resultaban desconcertantes. El filósofo Arthur Prior, en su artículo «Determinables, Determinates, and Determinants» publicado en Mind en 1949, retomó el problema y lo reformuló con más rigor, distinguiendo entre determinables, determinados y determinantes. Prior mostró que la relación entre determinable y determinado no siempre se ajusta a la estructura que Johnson le atribuía, y planteó que la noción de determinante podía servir para aclarar distinciones que en Johnson quedaban confusas.
Años después, en 1959, Stephan Körner y John Searle mantuvieron un debate en la Aristotelian Society sobre los determinables y la semejanza. La discusión giró en torno a si los determinables pueden reducirse a relaciones de semejanza entre sus determinados o si constituyen una categoría lógica irreducible. Para este ensayo, lo relevante es que el debate muestra que la distinción de Johnson seguía siendo un punto de referencia incluso cuando sus conclusiones se cuestionaban.
Más recientemente, la Stanford Encyclopedia of Philosophy ha sistematizado el debate y ha señalado que la cuestión central sigue abierta: si la relación entre determinable y determinado es lógica, metafísica o conceptual, y si la exclusión entre determinados del mismo determinable es una propiedad de las cualidades mismas o un rasgo de nuestro lenguaje.
Una mirada crítica
Conviene no idealizar a Johnson. Su terminología es, en algunos aspectos, inconsistente, y no todos sus ejemplos resisten el análisis. La distinción entre sustantivo y adjetivo, que organiza buena parte de su argumento, es sugerente pero difícil de fijar con precisión en el lenguaje ordinario. Además, la idea de que el rojo «no pertenece» al color del mismo modo que un individuo pertenece a una clase depende de presupuestos sobre la naturaleza de las propiedades que no todos los filósofos comparten.
Hay también un aspecto historiográfico que merece atención. Johnson se formó en un ambiente en el que la lógica y la psicología se entrelazaban, y su interés por las cualidades sensibles tiene raíces en la discusión empirista. Parte de la recepción posterior ha tendido a separar la lógica de Johnson de esas raíces, presentándola como un análisis puramente formal. Esa separación puede resultar anacrónica: Johnson pensaba en términos de experiencia, aunque su vocabulario fuera rigurosamente lógico.
Por último, la distinción sigue siendo útil fuera de la lógica. En ciencias naturales, por ejemplo, la clasificación de magnitudes físicas, de tonos musicales o de estados químicos plantea preguntas parecidas: ¿cómo se relacionan una magnitud general y sus valores concretos? ¿Qué significa, en ese caso, que un valor pertenezca a una categoría más amplia? La respuesta de Johnson no las resuelve todas, pero ofrece un vocabulario para plantearlas.
Conclusión
Decir que una cosa es roja y decir que es de algún color no son afirmaciones equivalentes. La primera atribuye una determinación concreta; la segunda expresa una relación entre niveles de cualidad. W. E. Johnson vio que esa diferencia, aparentemente trivial, revela una estructura lógica que la tradición clásica no había sabido describir con claridad. Su distinción entre determinables y determinados, y su atención a la diferencia entre sustantivos y adjetivos, abrieron un campo de discusión que sigue vivo. Lo que su obra nos permite comprender es que el lenguaje de las cualidades no se organiza como un árbol de clases, sino como un sistema de determinaciones en el que cada rasgo concreto ocupa un lugar preciso dentro de un espacio más amplio. Saber distinguir entre ser rojo y ser de un color es, en último término, saber distinguir entre lo que una cosa es y el ámbito en el que esa cosa puede ser de un modo u otro.
Bibliografía
Johnson, W. E. (1921). Logic, Part I. Cambridge University Press. (Capítulo XI: «The Determinate and the Determinable».)
Johnson, W. E. (1922). Logic, Part II. Cambridge University Press.
Johnson, W. E. (1924). Logic, Part III. Cambridge University Press.
Keynes, J. M. (1921). A Treatise on Probability. Macmillan.
Prior, A. N. (1949). «Determinables, Determinates, and Determinants». Mind, 58(232).
Körner, S. y Searle, J. R. (1959). «On Determinables and Resemblance». Proceedings of the Aristotelian Society, Supplementary Volume 33.
Stanford Encyclopedia of Philosophy. «Determinates vs. Determinables».
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