Entre la fragilidad de la existencia y la fuerza de los vínculos humanos, Frédéric Worms ha construido una filosofía que sitúa la vida y el cuidado en el centro del pensamiento contemporáneo. Inspirado por Henri Bergson, explora las relaciones que nos sostienen y las rupturas que transforman nuestra existencia. ¿Cómo podemos cuidar la vida sin ignorar sus heridas? ¿Qué revela nuestra manera de afrontar el sufrimiento sobre la sociedad que hemos construido?


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Cuidar la vida y reconocer sus rupturas: Frédéric Worms, un filósofo de la relación


Introducción: el filósofo que preguntó «¿a qué nos aferramos?»

En mayo de 2024, una escena sorprendente sacudió el recinto más señero de la filosofía francesa: la policía intervino dentro de la propia École normale supérieure de París, en la rue d’Ulm, para desalojar un campamento pacífico de estudiantes que protestaban por la guerra de Gaza. El director de la escuela, hombre que había pasado la década anterior construyendo una filosofía del cuidado y de la relación entre los vivientes, fue quien decidió llamar a las fuerzas del orden. La Ligue des droits de l’homme denunció estas intervenciones policiales en las universidades francesas como una grave vulneración de la libertad de expresión y de reunión . El episodio condensa, de manera casi parabólica, la paradoja que atraviesa la obra entera de Frédéric Worms: un pensador que hizo de la vida y del cuidado su objeto central, y que sin embargo nunca ha dejado de habitar las instituciones más duras del poder intelectual y republicano francés.

Worms, nacido en Boulogne-Billancourt el 30 de enero de 1964 , es a la vez el más bergsoneano de los historiadores de la filosofía francesa contemporánea, el introductor —con esa palabra exacta usan sus colegas— de la filosofía del cuidado en Francia , el director de la École normale supérieure desde marzo de 2022, un productor estrella de France Culture cuyo podcast Le Pourquoi du comment supera las treinta y dos millones de escuchas , y el artífice de lo que él mismo denomina un «vitalismo crítico». Su trayectoria encierra otras tensiones: hijo de uno de los banqueros más poderosos de su generación, elegido primer clasificado en la agrégation de filosofía de 1986 tras estrellarse en los exámenes de matemáticas del bachillerato; especialista de Bergson en una época en la que Bergson estaba moribundo en las aulas francesas; autor de una historia del siglo filosófico francés que algunos críticos han juzgado formalista y escolástica, y que otros consideran el mejor manual existente sobre el tema.

Este ensayo propone leer esa trayectoria como una sola pregunta, formulada con elegancia en el título de su libro capital sobre el cuidado: à quoi tenons-nous? —«¿a qué nos aferramos?». La vida, para Worms, es a la vez lo que une y lo que separa; es unidad y ruptura, relación y escisión. Comprender por qué esa doble intuición —heredada de Bergson y de medio siglo de lectura— llevó a un normalien de élite a convertirse en el filósofo francés del cuidado es comprender algo esencial sobre la filosofía francesa entre el ocaso de la posguerra y el presente.


Un contexto: la filosofía francesa entre la muerte y el regreso de Bergson


Para entender el gesto intelectual de Worms hay que situarse en el ambiente filosófico francés en el que se formó. Entre finales de los años setenta y los noventa, la filosofía francesa se encontraba atravesada por una serie de desplazamientos de los que Worms sería, retrospectivamente, el mejor cronista: el paso de la fenomenología existencial de Sartre y Merleau-Ponty a las epistemologías de la discontinuidad (Bachelard, Canguilhem), el estructuralismo de los sesenta y el giro hermenéutico y deconstructivo de los setenta. En la enseñanza secundaria y en la universidad, ese período —que Worms llamará en su obra magna «el momento de la estructura»— había hecho de Foucault, Derrida y Deleuze las figuras canónicas, mientras Bergson, Brunschvicg o Alain, dominadores del primer tercio del siglo, eran considerados, en el mejor de los casos, materia de historia de la filosofía.

Worms llegó a la filosofía precisamente cuando este paisaje estaba consolidándose. Su generación —la de los normaliens de comienzos de los ochenta— heredó un medio intelectual marcado todavía por la influencia de los maestros de la guerra y la posguerra, pero situado ya bajo la égida de lo que se llamó, con más imprecisión que acierto, «la muerte del sujeto». En ese contexto, elegir a Bergson como objeto de tesis doctoral era, a comienzos de los noventa, una apuesta contra la corriente: poca gente joven e inteligente en Francia trabajaba entonces seriamente sobre el autor de L’Évolution créatrice. La resurrección bergsoneana —que Worms ayudó decisivamente a producir, con la primera edición crítica de las obras completas del filósofo publicada entre 2007 y 2012 en las Presses universitaires de France — aún no era visible en el horizonte. La elección de Bergson fue, pues, un acto de doble fidelidad: a un filósofo incomprendido y a una pregunta que la moda intelectual había enterrado: la de la vida.


Orígenes: las desviaciones del azar


La biografía de Worms contiene un episodio que él mismo relata con la naturalidad de quien ha convertido la casualidad en categoría filosófica. Destinado, según parece, a las ciencias —había cursado con dos años de adelanto—, fracasó en la prueba de matemáticas del bachillerato, lo que le cerró el acceso a las clases preparatorias científicas. El liceo Louis-le-Grand le propuso entonces la vía literaria; así entró en la École normale supérieure en 1982 y, en 1986, fue recibido primero en la agrégation de filosofía . «El azar forma parte del viviente», comenta él mismo: «cambió mi vida» . Esta anécdota no es un simple guiño biográfico: contiene en germen toda su filosofía, según la cual la vida no es un desarrollo programado sino un conjunto de desvíos, encuentros y rupturas que exigen, precisamente, cuidado.

Su origen social es igualmente significativo. Es hijo de Gérard Worms, antiguo vicepresidente de Rothschild Europe, y de Michèle Rousseau ; está casado, según las fuentes biográficas, con Anne-Lise Darras, agrégada de letras clásicas e hija del poeta Jacques Darras, dato que la documentación de referencia aún marca como necesitado de confirmación. Un hijo de la alta banca convertido en el más escolar de los normaliens, luego en profesor de provincia y finalmente en el administrador máximo de la gran escuela republicana: pocos recorridos ilustran mejor la movilidad y los pudores de la élite intelectual francesa. Worms ha mantenido siempre una discreción total sobre su vida privada, y esa reserva forma parte de su estilo público: un pensamiento de la vida que se dice solo a través de las vidas de los otros —de los vivantes, como le gusta escribir.

Sostiene su tesis doctoral en 1995 en la universidad Blaise-Pascal de Clermont-Ferrand bajo la dirección de Jean-Claude Pariente, con el título Le problème de l’esprit: psychologie, théorie de la connaissance et métaphysique dans l’œuvre de Bergson . La elección de Pariente, un especialista reconocido de la filosofía bergsoniana, indica la vocación temprana; la elección de Clermont-Ferrand en lugar de París indica, quizá, que aquella vocación aún no tenía carta de naturalización en la capital. Una década después, su habilitación —Bergson ou les deux sens de la vie (2004)— le valdría la cátedra; primero en la universidad Lille III, donde fue profesor de filosofía contemporánea de 2003 a 2013, y después en la ENS de París, adonde llegó en 2013 .


Bergson: los dos sentidos de la vida


La obra bergsoniana de Worms se construye con la paciencia de un exégeta y la ambición de un constructor de monumentos. En apenas una década publica una introducción a Matière et mémoire (1997), un Vocabulaire de Bergson (2000), coescribe con Philippe Soulez una biografía del filosósofo, edita las correspondencias de Bergson con Albert Kahn (2003) y culmina la etapa con Bergson ou les deux sens de la vie (PUF, 2004). En 2006 funda la Société des amis de Bergson, de la que es presidente de honor, y dirige las Annales bergsoniennes y luego la revista Bergsoniana .

La tesis que le da título a su libro de síntesis —que la vida tiene dos sentidos— es el núcleo de toda su filosofía posterior, y el lector español la reconocerá como la fuente directa de la fórmula de nuestro ensayo. Para Worms, Bergson descubrió, por un lado, la vida como movimiento, creación, élan, fuerza que une a todos los vivientes contra la materia inerte; por otro, la vida como afecto, atención, adherencia, esfuerzo por mantener lo que amenaza con separarse. La vida es lo que une —los vivantes entre sí, la voluntad de vivir— y lo que separa —la muerte, la enfermedad, la escisión. Un filósofo que se contente con el primer sentido cae en el optimismo metafísico; uno que se contente con el segundo cae en la melancolía. La grandeza de Bergson, según Worms, consiste en haber pensado ambos a la vez, y ahí reside también el programa que Worms hará suyo: una filosofía que celebre la vida sin negar sus rupturas, que cuide lo vivo sin idealizarlo.

Es importante subrayar que esta lectura va contra la imagen escolar —y contra buena parte de la recepción anglosajona— de Bergson como filósofo de la intuición mistificadora. Worms insiste, en sus intervenciones públicas, en que Bergson tenía «una concepción muy empírica de la vida», que interpreta los hechos de la evolución mediante una acción interna unificadora, y que su pensamiento no debe oponerse a la ciencia: «hay que tomar el viviente como el foco común de la ciencia y de la ética hoy» . Esta defensa no es gratuidad filológica: es el pilar teórico que le permitirá hablar de bioética, de medicina y de demografía sin abandonar la metafísica.


Los «momentos»: una historia relacional de la filosofía francesa


En 2009 aparece en Gallimard el libro que hizo famoso a Worms fuera del círculo de los bergsonistas: La Philosophie en France au XXe siècle. Moments, más de seiscientas cincuenta páginas de historia de la filosofía francesa del siglo . La empresa es doblemente atrevida. Por un lado, Worms divide el siglo en tres «momentos»: el de l’esprit (hacia 1900: Bergson, Brunschvicg, Blondel, Freud, James, Husserl, Russell), el de l’existence (de los años treinta a los sesenta: Sartre, Camus, Merleau-Ponty, Wahl, Weil, Bachelard) y el de la structure (el estructuralismo y sus posteridades: Foucault, Derrida, Deleuze, Lyotard). Por otro, y esto es lo novedoso, propone una «historia relacional» de la filosofía: no una cronología de doctrinas sino la reconstrucción de problemas comunes a los que filósofos muy diversos dan respuestas divergentes.

El punto metodológico es sutil y Worms lo explicita: hablar de «momentos» no es reintroducir una filosofía de la historia a la manera hegeliana, sino reconocer que en cada época algunos problemas se imponen a todos, que «la reprise teórica cuenta tanto como la ruptura» . Cada momento se articula en tres fases: problemas, posiciones, prolongamientos. La recepción fue amplia y favorable —la crítica de Le Monde saludó el intento— pero no exenta de reservas serias, que conviene documentar porque iluminan los límites reales del proyecto. Un análisis especializado destacó la «fuerza y el límite» de esa lectura relacional: los acercamientos entre autores se hacen a menudo por vía negativa, mediante rechazos comunes, y lo que se ofrece como «problema común» resulta con frecuencia un mero «tema común» —la mente, la existencia— que aplana diferencias enormes . El mismo crítico censura el formalismo franco-francés de la arquitectura trinitaria —tres momentos, tres subpartes cada uno— que se aproxima peligrosamente a la disertación escolar, y señala la deuda no reconocida con el pensamiento en rizoma de Deleuze, «rebautizado relación para la ocasión» . También se ha observado la ausencia casi total de la filosofía política y de las guerras y totalitarismos que atraviesan el siglo: figuras como Foucault y Deleuze son tratadas rápidamente, y corrientes políticas enteras quedan fuera .

Estas objeciones no demolieron el libro, que sigue siendo una referencia, pero sí dibujan el perfil de sus cualidades y sus defectos: Worms es un sintetista brillante, quizá el mejor de su generación en Francia, pero su síntesis tiende a subsumir la alteridad de los autores bajo problemas construidos a posteriori. Reconocer estas rupturas críticas es parte del deber del ensayista, tanto como reconocer las del propio siglo.


El momento del cuidado: una ética de la relación


Hacia 2010, la obra de Worms toma un giro que sorprendió incluso a sus lectores habituales. Le Moment du soin. À quoi tenons-nous? (PUF, 2010) plantea que el cuidado no es un sector más de la vida social sino la relación primera, la que funda todas las demás: «lo primero en el cuidado es la relación que une a quien cuida y a quien es cuidado, relación tan antigua como la vida misma y fuente de toda ética médica digna de ese nombre» . El libro anuncia en su página de argumento que la idea de cuidado «nos revela las relaciones y las rupturas» —la fórmula misma que da título a este ensayo—: cuidar la vida exige reconocer que la vida se separa, se rompe, exige atención porque algo se daña.

Worms distingue varias dimensiones del cuidado —el socorro, en la urgencia y la catástrofe; la atención, en las instituciones de salud; la inserción, en los lazos sociales— y lo que podría haber sido una mera aplicación de la ética del cuidado anglosajona (Carol Gilligan, Joan Tronto) se convierte en su obra en una antropología filosófica: el hombre es el animal que no puede vivir sin ser cuidado y sin cuidar. En Soin et politique (2012) extrae las consecuencias institucionales: el cuidado no es solo política social, es una dimensión constitutiva de lo político, porque una sociedad se juzga por cómo trata a sus dependientes —los enfermos, los ancianos, los heridos de la vida. En Revivre. Éprouver nos blessures et nos ressources (Flammarion, 2012), quizá su libro más íntimo, toca el fondo de su tema: no se cuida la vida porque sea fuerte y autónoma, sino precisamente porque está herida; las «heridas y los recursos» son las dos caras de la existencia. El libro obtuvo el premio lycéen del libro de philosophie en 2016, señal de que su lenguaje, por culto que sea, consigue hablar a los jóvenes.

En Lille, donde crea en 2007 el máster «Éthique du vivant» que dirige hasta 2013 , Worms había tejido ya los puentes entre filosofía y ciencias de la vida que luego le valieron un sitio en el Comité consultatif national d’éthique (CCNE) entre 2013 y 2021 . Lanza además en las PUF la colección «Questions de soin» (2012), que sigue dirigiendo, convirtiendo la editorial en el principal escaparate francés de la filosofía del cuidado —una jugada institucional tan eficaz como la Société des amis de Bergson lo fue para la bergsoniana.


La vida que une y la vida que separa


La síntesis madura de esta etapa es La vie qui unit et qui sépare (Payot, 2013), subtitulado «Jalon pour un vitalisme critique». Ahí Worms articula sus dos patrimonios —el bergsoniano y el del cuidado— en una sola tesis: las relaciones que nos constituyen (con nosotros mismos, con los otros, con el mundo, con las cosas que hacemos y con las ideas) son a la vez lo que nos une y lo que nos separa de cada una de sus pérdidas. En Penser à quelqu’un (Flammarion, 2014) traslada el esquema a la educación: pensar a alguien —tener a alguien presente como destinatario— es la forma primera del pensar ético, y la escuela es el lugar donde esa relación se aprende. Los lectores de la tradición española de la filosofía de la educación encontrarán aquí un eco de la pedagogía de la atención que va de Simone Weil a María Zambrano, aunque Worms la deriva de su propio repertorio: Alain, el maestro de los normaliens, y Bergson.

Paralelamente, Worms nunca abandonó la política. Les Maladies chroniques de la démocratie (Desclée de Brouwer, 2017; traducida al español en Buenos Aires en 2021 ) diagnostica las patologías duraderas del régimen —abstención, desafección, desigualdad de los lazos— con la metáfora médica que ya era suya: la democracia es un cuerpo vivo que requiere cuidado y no solo normas. Tras los atentados de 2015, en el ciclo de radio que produjo para France Culture, llegó a hablar del «inconsciente europeo» : Europa, sugiere, debe reconocer las rupturas de su propia historia —las guerras, el genocidio— para poder rehacer sus relaciones.


La dirección de la École normale y el filósofo mediático


En septiembre de 2015 Worms fue nombrado director adjunto de la ENS de París, y el 16 de marzo de 2022, por decreto del presidente de la República, director de la escuela . La ascensión culminaba un recorrido institucional perfectamente normalien: primero en la agrégation, luego la tesis, la cátedra de provincia, el retorno a Ulm. Su nombramiento fue leído, con razón, como la consagración del modelo del filósofo-mediador que Francia cultiva desde el siglo XIX: un pensador que enseña, edita, administra y habla por radio con la misma voz.

Desde 2018 produce en France Culture Le Pourquoi du comment, junto con los programas Matières à penser y À présent . El éxito es considerable —treinta y dos millones de escuchas— y su conversación del 10 de febrero de 2025 sobre la inteligencia artificial («es una revolución, lo va a cambiar todo») muestra su facilidad para llevar la filosofía a los debates del día sin vulgarizarla por completo . La Académie française le concedió en 2018 el gran premio Moron por el conjunto de su obra .

Aquí el ensayo debe hacerse crítico. La figura del filósofo que cuida la vida institucionalmente no está exenta de tensiones. La decisión de mayo de 2024 de hacer intervenir a la policía dentro de la ENS contra el campamento estudiantil propalestino —documentada por Le Monde y denunciada por la Ligue des droits de l’homme — ha sido señalada por muchos observadores como contradictoria con una filosofía que hace del socorro y de la relación su primera categoría. Sus defensores responderían que la dirección de una institución exige otras lógicas que las de la filosofía; sus detractores, que precisamente un pensador del cuidado debía haber encontrado otra mediación. El episodio no invalida la obra, pero impide cualquier hagiografía: la distancia entre el filósofo del cuidado y el administrador de la élite republicana es una ruptura que el propio Worms, tan dado a reconocer las escisiones, no ha teorizado todavía.


Vitalismo crítico: la última síntesis


El Worms de los años veinte parece dispuesto a juntar todas las líneas de su obra. Su curso del primer semestre de 2024-2025 en la ENS, impartido con Jonathan Shmilovitz, recorre el vitalismo del siglo XX francés —Bergson, Canguilhem, Simondon, Deleuze— presentado como «la vía no tomada de la filosofía contemporánea», capaz de pensar «más allá de los límites de lo humano» frente al antropocentrismo fenomenológico y a los materialismos reduccionistas . En septiembre de 2024 publica La vie, qu’est-ce que ça change? (Labor et Fides), cuyo argumento es un grito de urgencia filosófica: «en la urgencia vital uno recuerda: ¡la vida lo cambia todo!» . Define el vitalismo como «la filosofía para la cual la vida es el primer principio que jamás hay que olvidar», y el vitalismo crítico como el que «toma a su cargo» esa exigencia sin ingenuidad . El mismo otoño reeditan su Avec Bergson (PUF, 2024) y aparece el volumen de su programa radiofónico (Le Pourquoi du comment. Philosophie pour mieux vivre, Flammarion/France Culture, 2024). Su seminario doctoral de 2025-2026 se anuncia bajo el título «vitalismo crítico: el aborto, el fin de vida y la guerra» —los tres temas que cualquier filosofía seria de la vida debe enfrentar hoy: comienzo, final y destrucción.

El «vitalismo crítico» es, hasta la fecha, su concepto más ambicioso y el que mayor debate abierto deja. Por un lado, remonta la corriente francesa de la vida que va de Bergson a Canguilhem y Simondon, rescatándola de su olvido relativo frente a la fenomenología; por otro, asume la lección de los debates contemporáneos sobre bioética, transhumanismo e inteligencia artificial. La pregunta que la historiografía deberá responder es si esta síntesis consigue darle al vitalismo —tradición sospechosa para la filosofía analítica y para el materialismo— una articulación normativa rigurosa, o si permanece, como sus crítos señalaron ya en Moments, en el nivel de un «tema común» admirablemente ilustrado pero metafísicamente indemostrado.


Recepción, influencia y balance


La recepción de Worms se ha doblado en dos capas claramente diferenciables. Dentro de la academia, su edición crítica de Bergson y su Sociedad de amigos son infraestructuras: sin ellas, la revitalización bergsoneana internacional de los últimos veinte años sería impensable. Su Philosophie en France au XXe siècle es ya un clásico de gabinete, usado por estudiantes y citado con respeto mezclado de reserva metodológica, como hemos visto. La filosofía del cuidado, en cambio, ejerce su influencia sobre todo fuera de la filosofía universitaria propiamente dicha: en las humanidades médicas, en las escuelas de enfermería, en el gran público de France Culture y en los círculos católicos y laicales de bioética francesa —su paso por el CCNE y su colección «Questions de soin» funcionaron como bisagra institucional .

Las críticas serias se pueden ordenar en tres grupos. La primera, epistemológica: la historia «relacional» de los momentos corre el riesgo de construir los problemas a posteriori, proyectando sobre el pasado las preocupaciones del presente. La segunda, política: su filosofía del cuidado, generosa en antropología, es discreta en análisis de las estructuras de poder que distribuyen el cuidado —género, clase, Estado— donde la tradición feminista anglosajona es mucho más incisiva. La tercera, institucional: la concatenación de cargos, colecciones, premios y programas de radio que pueblan su biografía suscita la pregunta —que la propia sociología francesa de los intelectuales haría— sobre la conversión del capital cultural filosófico en autoridad pública. Ninguna de estas objeciones es decisiva; todas son legítimas.


Conclusión: la ética del doble sentido


Frédéric Worms sigue en plena actividad —dirige la ENS, imparte su seminario sobre vida y muerte, publica cada año—, y por tanto este ensayo no puede cerrarse con un desenlace, sino con un balance provisional. Lo que ya puede decirse es por qué su figura importa. Worms es el representante más completo de un giro que la filosofía francesa ha dado en el siglo XXI: del estructuralismo de la discontinuidad y de la sospecha hermenéutica, hacia una filosofía de la relación, del cuidado y de la vida, sin renunciar a la erudición histórica ni a la ambición sistemática. Su paradoja mayor —que la vida es lo que une y lo que separa— no es una fórmula poética sino el resultado de medio siglo de lectura de Bergson aplicado a las urgencias contemporáneas: la medicina, la democracia, el terror, la ecología, la inteligencia artificial.

«Cuidar la vida y reconocer sus rupturas»: ninguna fórmula mejor condensa su programa. Cuidar, porque lo vivo es frágil y se sostiene en relaciones que deben ser mantenidas; reconocer las rupturas, porque la vida es también separación, muerte, error, trauma, y ninguna ética que lo olvide es veraz. Entre la banquera de su padre y la rue d’Ulm, entre Clermont-Ferrand y la radio pública, Worms ha trazado un itinerario que es, en sí mismo, una lección de método: la filosofía francesa, cuando quiere, puede unir la precisión histórica con la ternura —esa palabra que él quizá rechazaría— por los vivientes. Su obra queda abierta, y con ella la cuestión más honesta que un filósofo de la vida puede legar: no «¿qué es la vida?», sino à quoi tenons-nous? —¿a qué nos aferramos, y qué hacemos por ello?


Bibliografía

Obras de Frédéric Worms

  • Worms, Frédéric, Droits de l’homme et philosophie, París, Presses-Pocket, 1993; 2ª ed., CNRS Éditions, 2009.
  • Worms, Frédéric (con Philippe Soulez), Bergson, París, PUF, coll. «Que sais-je?», 1997.
  • Worms, Frédéric, Introduction à «Matière et mémoire» de Bergson, París, PUF, coll. «Les grands livres de la philosophie», 1997.
  • Worms, Frédéric, Le Vocabulaire de Bergson, París, Ellipses, coll. «Vocabulaire de…», 2000.
  • Worms, Frédéric (textos), Sophie Cœuré y Jeanne Beausoleil, Henri Bergson et Albert Kahn, correspondances, París, Desmaret/Musée départemental Albert-Kahn, 2003.
  • Worms, Frédéric, Bergson ou les deux sens de la vie, París, PUF, coll. «Quadrige», 2004 (síntesis de su habilitation à diriger des recherches).
  • Worms, Frédéric (dir.), L’Évolution créatrice 1907-2007: épistémologie et métaphysique, París, PUF, 2008 (Annales bergsoniennes IV).
  • Worms, Frédéric, La Philosophie en France au XXe siècle. Moments, París, Gallimard, coll. «Folio Essais», 2009.
  • Worms, Frédéric, Le Moment du soin. À quoi tenons-nous?, París, PUF, coll. «Questions de soin», 2010.
  • Worms, Frédéric, Revivre. Éprouver nos blessures et nos ressources, París, Flammarion, coll. «Sens propre», 2012.
  • Worms, Frédéric, Soin et politique, París, PUF, coll. «Questions de soin», 2012.
  • Worms, Frédéric, La vie qui unit et qui sépare. Jalon pour un vitalisme critique, París, Payot, coll. «Manuels», 2013.
  • Worms, Frédéric, Penser à quelqu’un, París, Flammarion, coll. «Sens propre», 2014; 2ª ed., coll. «Champs», 2018.
  • Worms, Frédéric, Les Maladies chroniques de la démocratie, París, Desclée de Brouwer, 2017; trad. cast., Buenos Aires, 2021.
  • Worms, Frédéric, Pour un humanisme vital. Lettres sur la vie, la mort, le moment présent, París, Odile Jacob, 2019.
  • Worms, Frédéric, Vivre en temps réel, París, Bayard, 2021.
  • Worms, Frédéric, La vie, qu’est-ce que ça change?, Ginebra, Labor et Fides, 2024.
  • Worms, Frédéric, Avec Bergson, París, PUF, 2024.
  • Worms, Frédéric, Le Pourquoi du comment. Philosophie pour mieux vivre, París, Flammarion / France Culture, 2024.
  • Tesis doctoral: Le problème de l’esprit: psychologie, théorie de la connaissance et métaphysique dans l’œuvre de Bergson, université Blaise-Pascal (Clermont-Ferrand II), 1995 (dir. Jean-Claude Pariente).

Ediciones, colecciones y responsabilidades editoriales

  • Dirección de la primera edición crítica de las Œuvres de Henri Bergson, París, PUF, 2007-2012.
  • Dirección de las Annales bergsoniennes y codirección de Bergsoniana; fundador de la Société des amis de Bergson (2006).
  • Dirección de las colecciones «Questions de soin» y «Philosophie française contemporaine», PUF.

Fuentes secundarias y artículos

  • Aliphat, Mickaël, «Frédéric Worms: La philosophie en France au XXe siècle. Moments», Actu-Philosophia, 4 de julio de 2009 (crítica metodológica de la historia relacional de los «momentos»).
  • «La Philosophie en France au XXe siècle. Moments», de Frédéric Worms», Le Monde (suplemento Livres), 18 de junio de 2009.
  • «Frédéric Worms: “Le refus de la mort sous toutes ses formes est la seule façon de fonder la morale”», entrevista en Philosophie Magazine, n.º 145, septiembre de 2019.
  • Lauxerois, Jean-Louis (et al.), reseñas y entretiens en France Culture sobre La philosophie en France au XXe siècle, 2009.
  • Émission Matières à penser, «L’inconscient européen» par Frédéric Worms, France Culture, 13 de diciembre de 2018.
  • Entretien RTS sur La vie, qu’est-ce que ça change?, 8 de septiembre de 2024; y curso «Le vitalisme dans la philosophie française du XXe siècle: Bergson, Canguilhem, Simondon, Deleuze» (con Jonathan Shmilovitz), Departement de Philosophie, ENS Paris, 2024-2025.
  • «À Paris, la police évacue des étudiants propalestiniens qui occupaient l’École normale supérieure», Le Monde, 26 de mayo de 2024; comunicado de la Ligue des droits de l’homme sobre las intervenciones policiales en las universidades (2024-2026).
  • EducPros/L’Étudiant, biografía institucional de Frédéric Worms, marzo de 2022; páginas del Centre international d’étude de la philosophie française contemporaine (CIEPFC) y de la UAR 3608 «République des savoirs», ENS/CNRS/Collège de France.
  • Wikipédia (fr.), «Frédéric Worms», versión consultada en 2026 (verificación cruzada de fechas y cargos); catálogo de la BnF (ark:/12148/cb12253941m) y IdRef (031296971) para la autoridad bibliográfica.

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