Entre la materia, la vida, la conciencia y el espíritu existen fronteras que desafían cualquier explicación reduccionista. Nicolai Hartmann construyó una ontología ambiciosa para demostrar que cada nivel de la realidad depende de los anteriores sin poder reducirse a ellos. Su propuesta obliga a reconsiderar qué podemos conocer y hasta dónde llega nuestra capacidad de explicar el mundo. ¿Puede la ciencia agotar todo lo real? ¿Qué permanece fuera del alcance de la razón?


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Nicolai Hartmann: los estratos de la realidad y sus límites


Hay filósofos que se olvidan porque sus ideas fracasaron y otros porque, aun siendo influyentes, sus preguntas dejaron de parecer urgentes. Nicolai Hartmann (Riga, 1882 – Gotinga, 1950) pertenece a una tercera categoría: su ontología fue reconocida en su tiempo como una de las construcciones sistemáticas más ambiciosas del pensamiento alemán de entre guerras, y después quedó en gran medida fuera del canon. Su tesis central, la de una realidad organizada en estratos (Schichten) irreductibles entre sí, puede parecer hoy una taxonomía heredada del siglo XIX. Leída con atención, sin embargo, plantea un problema que sigue vivo: ¿hasta qué punto el conocimiento puede agotar lo real, y dónde se encuentran los límites de la explicación cuando un nivel de la realidad depende de otro sin poder ser reducido a él?

Este ensayo examina la figura de Hartmann, el contexto en que se formó su pensamiento, la arquitectura de su ontología de estratos y, sobre todo, la idea de límite que la atraviesa. Interesa menos repetir la lista de sus obras que entender por qué su propuesta buscó un punto intermedio entre el idealismo y el realismo ingenuo, y qué costó ese equilibrio.


Un filósofo de transición


Hartmann nació en Riga en 1882, en el seno de la minoría germano-báltica, y su trayectoria estuvo marcada por los desplazamientos propios de la Europa de su tiempo. Su formación inicial se dio en el marco del neokantismo de la escuela de Marburgo, donde recibió el influjo de Hermann Cohen y Paul Natorp. Era el ambiente dominante de la filosofía académica alemana: un pensamiento que concebía el objeto del conocimiento como algo constituido por las condiciones lógicas del sujeto.

Ese punto de partida explica buena parte de su evolución posterior. Hartmann no fue un neokantiano ortodoxo, y su obra temprana ya contiene signos de desconfianza hacia el primado absoluto de la conciencia. Grundzüge einer Metaphysik der Erkenntnis (1921) es el texto en el que se aprecia con más claridad esa tensión: la teoría del conocimiento se mantiene como problema central, pero el objeto deja de ser una mera construcción del sujeto para convertirse en algo que se da con independencia de él. A ello se suma la influencia de la fenomenología de Husserl y, en el terreno de la ética, la de Max Scheler, cuya defensa de una ética material de valores proporcionó a Hartmann un interlocutor decisivo en Ethik (1926).

Su carrera académica siguió un recorrido de cátedras que refleja la inestabilidad de la República de Weimar y la posterior presión del régimen nacionalsocialista: Colonia en la segunda mitad de los años veinte, Berlín desde 1931 y Gotinga tras la guerra. La historiografía ha discutido cuánto le afectó el nazismo. Algunas fuentes señalan que el régimen lo dejó relativamente tranquilo para desarrollar su proyecto ontológico, aunque en los archivos de la SS aparece clasificado como un nacionalista. Esa ambigüedad merece atención, pero no debe reducir la lectura de su obra a una cuestión biográfica.


El giro hacia la ontología


El rasgo que distingue a Hartmann dentro del panorama filosófico de su tiempo es el giro que dio hacia la ontología. Desde comienzos del siglo XX se había producido una «vuelta a la ontología» que incluía a Husserl, Scheler, Heidegger y el propio Hartmann. Pero mientras muchos de esos proyectos quedaron como programas o fragmentos, él se propuso construir un sistema completo.

La cadena de obras que lo materializa es clara. Das Problem des geistigen Seins (1933) planteó el ser espiritual como problema específico. Zur Grundlegung der Ontologie (1935) formuló el fundamento general de la disciplina. Möglichkeit und Wirklichkeit (1938) desarrolló las modalidades de la realidad: posibilidad, actualidad y necesidad, a las que Hartmann concedió un papel central en su sistema. Der Aufbau der realen Welt (1940) expuso las categorías generales aplicables a todos los estratos, y Neue Wege der Ontologie (1942) ofreció un resumen programático de la nueva dirección. Después vendrían Philosophie der Natur (1950), en el que trató las categorías especiales de la naturaleza, y Ästhetik (1953), publicada tras su muerte.

En Neue Wege der Ontologie Hartmann invierte una de las premisas básicas del kantismo: en lugar de subordinar la ontología a la teoría del conocimiento, sostuvo que el conocimiento debe entenderse a partir de la ontología. La relación entre sujeto y objeto ya no se explica desde las condiciones de posibilidad de la experiencia, sino desde la estructura del ser, que incluye al propio sujeto cognoscente como un estrato más de lo real. Este giro es el fundamento de lo que se conoce como realismo crítico, etiqueta que Hartmann aceptó con reservas.


La arquitectura de los estratos


La idea básica es la siguiente: la realidad no es homogénea, sino que se organiza en niveles superpuestos. Según la formulación más difundida de Hartmann, existen cuatro estratos principales: el inorgánico o material, el orgánico o vital, el anímico o psíquico, y el espiritual o intelectual, al que pertenecen el conocimiento, la cultura y los valores. Dentro de cada uno de estos niveles hay subdivisiones, y el propio Hartmann reconoció que la frontera entre ellos no siempre es nítida.

Lo decisivo no es la lista, sino las relaciones entre los estratos. Hartmann formuló varias leyes que las describen y que la literatura suele agrupar en torno a unos cuantos principios. El primero es la superposición: cada estrato superior se apoya sobre el inferior, de modo que lo presupone sin poder reducirse a él. El segundo es la dependencia: lo superior depende de lo inferior, pero no al revés en igual medida. El tercero es la indiferencia de los estratos inferiores respecto de los superiores: una piedra no necesita de la conciencia para existir, aunque la conciencia necesite de la piedra. El cuarto, y quizá el más original, es el novum: en cada estrato superior aparecen categorías nuevas que no pueden deducirse de las del estrato inferior.

Esta última idea es la que sostiene todo el edificio. Hartmann insistió en que una categoría como la vida o la conciencia no es una simple combinación de elementos físicos, sino una estructura cualitativamente distinta. La apuesta es antirreduccionista: la biología no se reduce a la física, ni la psicología a la biología, ni la cultura a la psicología. Cada nivel posee una legalidad propia, aunque esté anclado en los anteriores.

Conviene subrayar que Hartmann no inventó el pensamiento estratificado. En Die Anfänge des Schichtungsgedankens in der alten Philosophie (1943) rastreó sus antecedentes en la filosofía antigua, lo que muestra que la idea de niveles del ser le parecía una constante histórica y no una ocurrencia moderna. Su aportación consistió en sistematizarla con un rigor categorial que pretendía ser compatible con los resultados de las ciencias de su tiempo. De hecho, ya en 1912 había publicado Die philosophischen Grundfragen der Biologie, señal de que su ontología nunca se desligó del diálogo con la biología.


Dependencia sin reducción


Aquí aparece la primera gran tensión del sistema. Si los estratos superiores dependen de los inferiores, ¿en qué sentido son realmente distintos? Y si son distintos, ¿cómo se explica su dependencia? Hartmann responde con la idea de dependencia asimétrica: la base condiciona lo superior, pero no lo determina por completo. Lo superior tiene una relativa autonomía, que Hartmann llamó en algunos pasajes «libertad» de los estratos elevados, especialmente del espiritual.

Esta libertad es importante por dos razones. En primer lugar, permite a Hartmann defender la posibilidad de la acción ética y de la creación cultural sin negar la base material de la existencia. En segundo lugar, introduce un límite: la libertad espiritual nunca es absoluta, porque está condicionada por los estratos que la sostienen. Es un tema que Hartmann desarrolló en su Ethik, donde la libertad moral aparece limitada por las condiciones reales de la acción.

La crítica contemporánea ha señalado, sin embargo, que esta solución no siempre resulta convincente. ¿Qué significa exactamente que una categoría «aparece» en un estrato superior sin derivarse del inferior? Si no es deducible, ¿es un hecho bruto que debe aceptarse por intuición? Hartmann rechazaba el reduccionismo, pero su defensa del novum descansa en buena medida en la fenomenología y en la descripción cuidadosa de lo dado, lo que deja abierta la pregunta sobre su grado de contrastabilidad.


Los límites del conocimiento


Si hubiera que elegir una palabra para resumir el proyecto de Hartmann, quizá fuera «aporética». Su método no pretendía ofrecer soluciones definitivas, sino exponer con rigor las dificultades que presentan los problemas ontológicos y mostrar hasta dónde puede llegar la razón. Esta actitud se refleja en su rechazo de la metafísica especulativa: la nueva ontología se ocupa de lo que puede ser conocido, y renuncia a las construcciones sobre lo que, en principio, queda fuera del alcance del conocimiento.

Pero el límite no es solo epistemológico. Hartmann defendió que lo real excede siempre lo que sabemos de ello. En algunos de sus textos aparece la idea de una dimensión de profundidad de lo real, una zona en la que el conocimiento no alcanza a agotar el objeto y en la que sobreviven elementos irracionales. Conviene ser prudente al caracterizarla, porque los comentaristas no coinciden en cómo interpretarla. Algunos la leen como una afirmación metafísica disfrazada; otros, como una expresión de la finitud del conocimiento humano. En cualquier caso, muestra que la ontología de Hartmann no pretendía una transparencia total de lo real, sino una descripción de sus estructuras accesibles, junto con el reconocimiento de lo que no lo es.

Hay así tres límites que atraviesan el sistema. El primero es el límite del conocimiento: lo real es más amplio que nuestras categorías. El segundo es el límite entre estratos: ningún nivel superior se deja reducir al inferior, lo que impone un límite a cualquier explicación monista. El tercero es el límite de la libertad: la autonomía de lo espiritual es real, pero condicionada. Los tres se implican mutuamente, y en ello reside la coherencia del sistema, aunque también su punto más expuesto a la crítica.


Una ontología de la naturaleza


Uno de los aspectos más interesantes del pensamiento de Hartmann, y el que ha recibido mayor atención en los últimos años, es su relación con la naturaleza. Su defensa de la irreductibilidad de los estratos tiene consecuencias para la filosofía ambiental. Si lo orgánico y lo material poseen legalidades propias, la naturaleza no queda reducida a un mero recurso al servicio de lo humano. Keith Peterson ha argumentado que la ontología estratificada de Hartmann permite cuestionar el antropocentrismo, porque reconoce la dependencia asimétrica de los seres humanos respecto de la naturaleza no humana, biótica y abiótica. Esta lectura, desarrollada en un capítulo de 2017 dentro del volumen colectivo Ontologies of nature, sitúa a Hartmann en una discusión que él mismo no pudo prever, aunque su estructura conceptual la hace posible.

Otros estudiosos han subrayado la dimensión científica de su proyecto. Roberto Poli, en un artículo de 2001 publicado en la revista Axiomathes, planteó el «problema básico» de la teoría de los niveles de realidad y sitúa la obra de Hartmann como una de las formulaciones más sistemáticas de esa cuestión. Es un dato relevante para entender su recuperación: la teoría de niveles ha reaparecido en debates sobre la emergencia, la complejidad y la relación entre disciplinas científicas, donde las preguntas que Hartmann formuló en términos categoriales se plantean ahora en otros vocabularios.


Recepción, olvido y redescubrimiento


Durante la década de 1930 y 1940, Hartmann fue una figura central de la filosofía académica alemana. Sus libros se discutieron ampliamente, y su sistema fue visto como una alternativa seria tanto al idealismo como a las corrientes que empezaban a dominar el debate, como la fenomenología de Heidegger y el existencialismo. Tras la Segunda Guerra Mundial su posición se debilitó. El clima intelectual cambió, y la ontología de estratos, con su pretensión de sistema, pareció a muchos una reliquia de la época anterior.

Varios factores explican su eclipse. La filosofía analítica, que se impuso en el ámbito anglosajón, desconfiaba de las grandes construcciones ontológicas y de los conceptos que no se dejaban formalizar. En la tradición continental, la atención se desplazó hacia la hermenéutica, la fenomenología existencial y el estructuralismo. Hartmann quedó en un punto intermedio que no encajaba con ninguno de esos bloques: demasiado realista para el continente, demasiado sistemático para el empirismo, y demasiado vinculado a la ontología clásica para las corrientes críticas de la posguerra.

Su recuperación ha sido gradual. Hoy se le estudia como un pensador que anticipó problemas que hoy vuelven al primer plano: el antirreduccionismo, la emergencia, la relación entre naturaleza y cultura, y la pregunta por los límites de la explicación. La historiografía reciente ha reconstruido con más detalle sus fuentes y su recepción, aunque el volumen de estudios sigue siendo modesto en comparación con el de otros filósofos de su generación. En el ámbito hispanohablante su presencia ha sido limitada, lo que hace más necesaria una lectura atenta de sus textos.


Interpretaciones y críticas


Las lecturas de Hartmann se dividen en varios frentes. Algunos intérpretes lo consideran un sistematizador riguroso que llevó la ontología fenomenológica a una forma coherente. Otros ven en él un pensador conservador, cuya defensa de un orden jerárquico de la realidad podía prestarse a usos ideológicos en un contexto político tan delicado como el de la Alemania de los años treinta. Esta segunda lectura no debe exagerarse, pero tampoco ignorarse: la idea de niveles jerarquizados tiene una historia que incluye usos discutibles, y la historiografía tiene la obligación de examinarla.

Desde una perspectiva crítica, hay al menos tres objeciones que merecen consideración. La primera es de carácter taxonómico: la delimitación de los estratos no siempre es precisa, y los casos de transición, como el de ciertos organismos unicelulares o de procesos psíquicos automatizados, tensionan la división. La segunda es metodológica: la distinción entre descripción fenomenológica y generalización científica no está siempre clara, de modo que resulta difícil saber qué tipo de evidencia respalda las tesis sobre el novum. La tercera es sistemática: si lo superior no se deduce de lo inferior, la ontología corre el riesgo de convertirse en una enumeración de hechos irreductibles, en lugar de una explicación de la unidad de lo real.

Estas objeciones no anulan la propuesta de Hartmann, pero obligan a precisar su alcance. Su mérito consiste en haber planteado el problema de la emergencia y la irreductibilidad con una seriedad sistemática poco frecuente, y en haber mostrado que el realismo no tiene por qué resolverse en una metafísica dogmática ni en un positivismo reductor.


Conclusión


Nicolai Hartmann propuso una imagen de la realidad como una arquitectura de estratos superpuestos, irreductibles y dependientes entre sí. Su interés actual no reside tanto en la literalidad de su taxonomía como en el problema que la sostiene: cómo pensar la relación entre niveles de realidad sin caer en el reduccionismo ni en la especulación. Su respuesta combina la defensa del novum con el reconocimiento de límites, tanto del conocimiento como de la libertad. Es una respuesta que hoy resulta incompleta, pero que sigue ofreciendo herramientas para discutir la naturaleza, la cultura y la posición del ser humano dentro de lo real.

Leer a Hartmann es aceptar que la realidad excede siempre lo que sabemos de ella, y que el trabajo filosófico consiste en describir con precisión lo que sí podemos conocer, sin fingir que hemos alcanzado el fondo. Quizá sea esa humildad metódica, más que la arquitectura en sí, lo que mantiene vigente su pensamiento.


Bibliografía

Obras primarias (ediciones originales en alemán)

  • Hartmann, Nicolai. Grundzüge einer Metaphysik der Erkenntnis. Berlín–Leipzig: Vereinigung wissenschaftlicher Verleger, 1921.
  • Hartmann, Nicolai. Die philosophischen Grundfragen der Biologie. 1912.
  • Hartmann, Nicolai. Ethik. Berlín–Leipzig: Walter de Gruyter, 1926.
  • Hartmann, Nicolai. Das Problem des geistigen Seins. Berlín–Leipzig: Walter de Gruyter, 1933.
  • Hartmann, Nicolai. Zur Grundlegung der Ontologie. Berlín: Junker und Dünnhaupt, 1935.
  • Hartmann, Nicolai. Möglichkeit und Wirklichkeit. Berlín–Leipzig: Walter de Gruyter, 1938.
  • Hartmann, Nicolai. Der Aufbau der realen Welt. Grundriß der allgemeinen Kategorienlehre. Berlín: Walter de Gruyter, 1940.
  • Hartmann, Nicolai. Neue Wege der Ontologie. Stuttgart: W. Kohlhammer, 1942.
  • Hartmann, Nicolai. Die Anfänge des Schichtungsgedankens in der alten Philosophie. Abhandlungen der Preußischen Akademie der Wissenschaften, Philosophisch-historische Klasse, 1943.
  • Hartmann, Nicolai. Teleologisches Denken. Berlín: Walter de Gruyter, 1951.
  • Hartmann, Nicolai. Philosophie der Natur. Abriß der speziellen Kategorienlehre. Berlín: Walter de Gruyter, 1950.
  • Hartmann, Nicolai. Ästhetik. Berlín: Walter de Gruyter, 1953.
  • Hartmann, Nicolai. Kleinere Schriften, vols. I–III. Berlín: Walter de Gruyter, 1955–1958.

Estudios secundarios y fuentes de referencia

  • Kopciuch, Leszek. «Nicolaia Hartmanna prawa bytu realnego». Folia Philosophica, 22 (2009). Lublin: Uniwersytet Marii Curie-Skłodowskiej.
  • Peterson, Keith. «Stratification, dependence, and nonanthropocentrism: Nicolai Hartmann’s critical ontology». En G. Kuperus y M. Oele (eds.), Ontologies of nature. Continental perspectives and environmental reorientations. Dordrecht: Springer, 2017, pp. 159–180. DOI: 10.1007/978-3-319-66236-7_8.
  • Poli, Roberto. «The basic problem of the theory of levels of reality». Axiomathes, 12 (2001), pp. 261–283.
  • Hartmann, Paul Nicolai. Entrada en la Neue Deutsche Biographie, Deutsche Biographie (en línea).

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